La población en
el año 1827: En
una población de cuatrocientos
ochenta personas, deambulaban
alrededor de doscientos marinos
extranjeros, soldados mercenarios
dedicados al corzo, centenares de
negros capturados por los
corsarios y docenas de presos
confinados sin personal
suficiente para custodiarlos.La
población en el año 1829: La
antigua Carmen, esta ubicada
entre el fuerte y el río, sobre
la pendiente de la barranca, y se
compone de unas 40 casas
construidas, sin mucho orden, de
diversas alturas, formando una
línea irregular que sigue el
curso del agua y entre las cuales
hay algunas amplias, bastantes
cómodas, de un piso o previstas
de terraza, pero estas últimas
se destacan en medio de las
simples cabañas que la rodean.
El otro
grupo de la misma orilla llamada
población esta a algunos
centenares de pasos del fuerte
hacia el este, forman una vasta
plaza cuadrada, alrededor de la
cual se extiende un cinturón de
casas, la mayoría nuevas
construidas durante la guerra con
los brasileños.
La
población Sur, esta formada por
15 a 20 casas alineadas en un
terreno bajo, sujeto a
inundaciones. Tales casas, más
pobres que las del norte, están
ocupadas por los gauchos y
algunas familias de estancieros y
algunos pulperos atraídos por la
proximidad de los indios, han
establecido allí sus comercios.
En 1856, el
comandante militar de Patagones
Coronel Benito Villar, erigió en
la banda Sur una capilla, bajo la
adveración de Nuestra Señora de
la Merced. De allí que es margen
comenzó a denominarse Mercedes
de Patagones, aunque más
comúnmente se usaba decir
Patagones Sur.
La
sociedad: Hacia 1870,
la población había tenido un
crecimiento muy lento, ya que
estaba constituida por unas 2.000
personas, esto nos demuestra que
habían sido casi nulos los
aportes recibidos por la
colonización. Tanto D´Orbiny
como Musters, dos viajeros que
visitaron en 1829 y 1870
respectivamente, coinciden en
dividir a la población en
sectores o grupos: los maragatos
o descendientes de los primeros
pobladores, unidos por numerosas
alianzas matrimoniales,
mayoritariamente propietarios
ganaderos, desempeñaban los
principales cargos de gobierno y
se habían constituido en una
especie de aristocracia criolla
que basaba su poder en las
lealtades personales. Su
conservadorismo los llevaba a
evitar las uniones con elementos
ajenos a su tradición e incluso
al trato de " extranjeros"
a los forasteros, aún siendo
estos argentinos.
Luego
estaban los extranjeros, en
general inmigrantes: italianos,
vascos, franceses, ingleses,
galeses, suizos, alemanes, etc.,
dedicados al comercio, a la
agricultura y a oficios varios.
El tercer
grupo lo constituían los
presidiarios o deportados por
delitos. Este elemento estuvo
presente desde los orígenes del
fuerte ( considerado presidio
fronterizo) y lo integraban:
desertores del ejercito, ladrones
y bribones de toda clase,
enviados de Buenos Aires.
Los negros,
cuyo número había aumentado
considerablemente durante las
acciones de los corsarios en la
guerra contra el brasil y por
esta época estaba en franca
disminución, se concentraban en
un barrio de la orilla norte y
mantenían sus viejas tradiciones
y costumbres. Loe hombres eran
peones, recolectores de basura y
las mujeres domesticas o
lavanderas.
Los indios
amigos vivían en San Javier y
pertenecían a la tribu de Miguel
Linares. En muchas oportunidades
llegaban otros grupos con el fin
de realizar sus intercambios
comerciales e instalaban sus
campamentos en los alrededores de
la población. Las mujeres indias,
sentadas alrededor de un fogón,
cantaban un canto plañidero y
monótono llamado tay l y lo
hacían para dar la bienvenida,
para despedir y otras ceremonias
de honor de ciertas personas o
parientes que aprecian, mientras
los hombres permanecían serios y
callados.
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