Comarca Viedma - Patagones - Patagonia Argentina

 

   
 

Carmen de Patagones en 1878

…“Comenzamos a remontar el río contemplando los paisajes de la accidentada región y aquella naturaleza que veíamos por primera vez y que tanto deseábamos conocer. En un cangrejal próximo al estacionario, divisamos los restos de un vapor de ruedas, era el Itapirú que en 1872 tomara parte al mando del teniente coronel Martín Guerrico, en la exploración del río Negro, no siendo apto el vaporcito para realizarlo.

La costa de la margen izquierda es alta, con las colinas despobladas de bosques sustituidos por arbustos achaparrados desde el cerro Mestre. Rápidamente descubrimos algunas casas y ranchos en la llanura, y grandes sauces criollos en ambas orillas. Hermosos álamos, algunos islotes como las de Paloma Grande y Chica, cubiertas de espesas arboledas y los restos de un muelle que perteneció al saladero de Aguirre y Murga.

No muy lejos de allí, se levanta un cerro macizo que llaman La Caballada, célebre en los fastos de la patria por haberse rendido en ese lugar, una respetable columna de tropas invasoras brasileñas en 1827.

El cerro y los frondosos árboles que lo rodean en la costa, nos ocultaban hasta entonces la histórica villa del Carmen de Patagones, que al dar la vuelta al río tras un codo, se nos apareció como una bandada de blancas palomas asentadas sobre las colinas, en la que está irregularmente edificada la población, dominada por un fuerte de piedra donde flameaba la bandera nacional.

En la otra costa, en la ribera sur del río Negro, las casas estaban ocultas por una espesa arboleda que ostentan las quintas de Mercedes ( luego denominado pueblo de Viedma) y la fertilidad del valle nos pareció notable. Especialmente un poco más arriba, existiendo en las afueras de la población una gran laguna, que llaman el Juncal y suele aumentar el volumen de las aguas por la mayor o menor abundancia de las avenidas del gran río. Junto a las orillas de ambas márgenes, numerosos vecinos habían acudido para presenciar nuestra llegada y conocer los nuevos buques de guerra argentinos, que veían por primera vez en aquellas aguas, reflejándose en muchos semblantes la impresión que les causaba las formas del "monitor y la bombardera. "

Los únicos buques armados de guerra que conocían, eras los vapores General Brown  y Rosetti, el bergantín goleta Rosales y los vaporcitos mandados por los oficiales Ramírez y Guerrico, para explorar el río Negro y que anteriormente visitaron la población.

El muelle de carga y descarga se halla en muy mal estado, llamándonos la atención una casa construida en la misma orilla del río y que llamaban los locales, Casa de Piedra, seguramente debido al material empleado en su construcción.
Observamos que en vez de carros o carretillas se sustituyeron en la población por unos cueros de buey que llaman “rastras”, para llevar pequeñas cargas a la parte alta de la villa, debido sin duda al verdadero colchón de arena de las calles. Nuestra curiosidad nos llevó por unas grandes cuevas cavadas en las barrancas, algunas todavía habitadas, y se nos aseguró sirvieron en un tiempo para ocultarse de los indios enemigos…

La iglesia  era una construcción precaria y tenía el aspecto de un galpón, pero aún humilde era digna del más profundo respeto y en su modesto interior estaban depositados algunos de los trofeos gloriosos de 1827 (en tiempos de guerra con el Brasil).

La única plaza del pueblo frente al fuerte, no tenía jardines y estaba completamente abandonada. En el centro de la misma, se erigía una pirámide de ladrillo revocado y blanqueado, coronada por una estatua de la libertad.
En el zócalo o base de la misma había cuatro pequeñas estatuas alegóricas y los nombres de los que conquistaron para nuestra joven nación, la gloria de haber batido al invasor extranjero, con un puñado de marinos, soldados, ciudadanos y gauchos bravos.

La mejor casa de Patagones era en esa época por su posición y construcción, la que estaba ocupada por el proveedor, una tal señor Ramayón. Tenía con frente al río, una espaciosa terraza dominando desde allí un espléndido y pintoresco panorama hacia el curso superior del río y en dirección aguas abajo hacia la boca, se lucían las islas conocidas como de Guerrero y Bertorello.

No abundaban los médicos en ambas márgenes. En el norte estaba el doctor Baraja, muy caritativo y desinteresado y en sur el doctor Humble, que simultáneamente ocupaba el cargo de pastor anglicano. Hombre dotado de buenos sentimientos y evangélica caridad, condoliéndose de todos los pobres y muy respetado.

El estado sanitario era bastante bueno a pesar de que el lecho de espesa arena suelta, era propicio para el desarrollo de determinadas enfermedades.
Apenas incursionamos el lugar fuimos relacionados con los hermanos Kincaid, dos progresistas escoceses que habían introducido carneros de padres finos, estableciéndose a unas leguas de Patagones, cerca del paraje Guardia Mitre.

Excusado será decir, que en la estadía los lugareños nos brindaron ricos y bien cebados mates en todas las casas que visitamos; pero lo que más nos agradó era el exquisito guindado con que las gentiles “carmeñas”, las maragatas de negros y rasgados ojos nos obsequiaban por ser un producto elaborado por ellas mismas.

Otra de las producciones de esta región privilegiada es la uva, con que los habitantes del Río Negro hacen un vinillo que llaman chacolí; regularmente agradable, pero al mismo tiempo sumamente traicionero. En efecto, aunque es aparentemente flojo por su suavidad, si se bebe algo más de dos vasos es casi seguro que el incauto se marea rápidamente.

La comandancia de Patagones era considerada como frontera y dependían de ella: el fortín Mercedes, 1º y 2º Pozos, Conciliación y Guardia Mitre. Aún existían las ruinas del fortín Invencible, a unas cinco leguas del pueblo del Carmen, cuya guarnición de Dragones fue sorprendida por los indios guerreros y pasada a cuchillo.
El personal de tropa estaba compuesto en su mayoría de destinados y soldados de  compañías de disciplina.

El vapor a hélice Santa Rosa y algunos bergantines  goletas de la firma Mascarello, mantenían las comunicaciones entre el Río Negro, Bahía Blanca y Buenos Aires. Chubut y el puerto de Patagones se comunicaban  con pequeños cuters, reduciéndose a esos elementos las comunicaciones marítimas.” 
 

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