Comenzamos
a remontar el río contemplando
los paisajes de la accidentada
región y aquella naturaleza que
veíamos por primera vez y que
tanto deseábamos conocer. En un
cangrejal próximo al
estacionario, divisamos los
restos de un vapor de ruedas, era
el Itapirú que en 1872 tomara
parte al mando del teniente
coronel Martín Guerrico, en la
exploración del río Negro, no
siendo apto el vaporcito para
realizarlo.La
costa de la margen izquierda es
alta, con las colinas despobladas
de bosques sustituidos por
arbustos achaparrados desde el
cerro Mestre. Rápidamente
descubrimos algunas casas y
ranchos en la llanura, y grandes
sauces criollos en ambas orillas.
Hermosos álamos, algunos islotes
como las de Paloma Grande y Chica,
cubiertas de espesas arboledas y
los restos de un muelle que
perteneció al saladero de
Aguirre y Murga.
No muy lejos
de allí, se levanta un cerro
macizo que llaman La Caballada,
célebre en los fastos de la
patria por haberse rendido en ese
lugar, una respetable columna de
tropas invasoras brasileñas en
1827.
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El
cerro y los frondosos
árboles que lo rodean en
la costa, nos ocultaban
hasta entonces la
histórica villa del
Carmen de Patagones, que
al dar la vuelta al río
tras un codo, se nos
apareció como una
bandada de blancas
palomas asentadas sobre
las colinas, en la que
está irregularmente
edificada la población,
dominada por un fuerte de
piedra donde flameaba la
bandera nacional. |
En la otra
costa, en la ribera sur del río
Negro, las casas estaban ocultas
por una espesa arboleda que
ostentan las quintas de Mercedes
( luego denominado pueblo de
Viedma) y la fertilidad del valle
nos pareció notable.
Especialmente un poco más arriba,
existiendo en las afueras de la
población una gran laguna, que
llaman el Juncal y suele aumentar
el volumen de las aguas por la
mayor o menor abundancia de las
avenidas del gran río. Junto a
las orillas de ambas márgenes,
numerosos vecinos habían acudido
para presenciar nuestra llegada y
conocer los nuevos buques de
guerra argentinos, que veían por
primera vez en aquellas aguas,
reflejándose en muchos
semblantes la impresión que les
causaba las formas del "monitor
y la bombardera. "
Los
únicos buques armados de guerra
que conocían, eras los vapores
General Brown y Rosetti, el
bergantín goleta Rosales y los
vaporcitos mandados por los
oficiales Ramírez y Guerrico,
para explorar el río Negro y que
anteriormente visitaron la
población.
El
muelle de carga y descarga se
halla en muy mal estado,
llamándonos la atención una
casa construida en la misma
orilla del río y que llamaban
los locales, Casa de Piedra,
seguramente debido al material
empleado en su construcción.
Observamos que en vez de carros o
carretillas se sustituyeron en la
población por unos cueros de
buey que llaman
rastras, para llevar
pequeñas cargas a la parte alta
de la villa, debido sin duda al
verdadero colchón de arena de
las calles. Nuestra curiosidad
nos llevó por unas grandes
cuevas cavadas en las barrancas,
algunas todavía habitadas, y se
nos aseguró sirvieron en un
tiempo para ocultarse de los
indios enemigos
La
iglesia era una
construcción precaria y tenía
el aspecto de un galpón, pero
aún humilde era digna del más
profundo respeto y en su modesto
interior estaban depositados
algunos de los trofeos gloriosos
de 1827 (en tiempos de guerra con
el Brasil).
La
única plaza del pueblo frente al
fuerte, no tenía jardines y
estaba completamente abandonada.
En el centro de la misma, se
erigía una pirámide de ladrillo
revocado y blanqueado, coronada
por una estatua de la libertad.
En el zócalo o base de la misma
había cuatro pequeñas estatuas
alegóricas y los nombres de los
que conquistaron para nuestra
joven nación, la gloria de haber
batido al invasor extranjero, con
un puñado de marinos, soldados,
ciudadanos y gauchos bravos.
La
mejor casa de Patagones era en
esa época por su posición y
construcción, la que estaba
ocupada por el proveedor, una tal
señor Ramayón. Tenía con
frente al río, una espaciosa
terraza dominando desde allí un
espléndido y pintoresco panorama
hacia el curso superior del río
y en dirección aguas abajo hacia
la boca, se lucían las islas
conocidas como de Guerrero y
Bertorello.
No
abundaban los médicos en ambas
márgenes. En el norte estaba el
doctor Baraja, muy caritativo y
desinteresado y en sur el doctor
Humble, que simultáneamente
ocupaba el cargo de pastor
anglicano. Hombre dotado de
buenos sentimientos y evangélica
caridad, condoliéndose de todos
los pobres y muy respetado.
El
estado sanitario era bastante
bueno a pesar de que el lecho de
espesa arena suelta, era propicio
para el desarrollo de
determinadas enfermedades.
Apenas incursionamos el lugar
fuimos relacionados con los
hermanos Kincaid, dos
progresistas escoceses que
habían introducido carneros de
padres finos, estableciéndose a
unas leguas de Patagones, cerca
del paraje Guardia Mitre.
Excusado
será decir, que en la estadía
los lugareños nos brindaron
ricos y bien cebados mates en
todas las casas que visitamos;
pero lo que más nos agradó era
el exquisito guindado con que las
gentiles carmeñas,
las maragatas de negros y
rasgados ojos nos obsequiaban por
ser un producto elaborado por
ellas mismas.
Otra
de las producciones de esta
región privilegiada es la uva,
con que los habitantes del Río
Negro hacen un vinillo que llaman
chacolí; regularmente agradable,
pero al mismo tiempo sumamente
traicionero. En efecto, aunque es
aparentemente flojo por su
suavidad, si se bebe algo más de
dos vasos es casi seguro que el
incauto se marea rápidamente.
La
comandancia de Patagones era
considerada como frontera y
dependían de ella: el fortín
Mercedes, 1º y 2º Pozos,
Conciliación y Guardia Mitre.
Aún existían las ruinas del
fortín Invencible, a unas cinco
leguas del pueblo del Carmen,
cuya guarnición de Dragones fue
sorprendida por los indios
guerreros y pasada a cuchillo.
El personal de tropa estaba
compuesto en su mayoría de
destinados y soldados de
compañías de disciplina.
El
vapor a hélice Santa Rosa y
algunos bergantines goletas
de la firma Mascarello,
mantenían las comunicaciones
entre el Río Negro, Bahía
Blanca y Buenos Aires. Chubut y
el puerto de Patagones se
comunicaban con pequeños
cuters, reduciéndose a esos
elementos las comunicaciones
marítimas.
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