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(14/06/2000)
La luz invade mi cuarto,
no así mi alma.
Ocurrió durante un momento,
la vio, la luz, mi alma.
Y el espejismo se desdibuja,
ese rayo,
no puedo acercarme más a la luz.
Mas no importa,
la luz llega de todas formas
sólo de día, es cierto.
Mas no importa,
algo está cambiando,
lo siento en mi fuego.
Mi cuerpo, mi cuarto,
es testigo de mi pensamiento.
No me percato de ello
pero lo es así.
Él lo sabe, lo conoce,
conoce todo aquello
por lo que mi ánima sueña.
Se está muy bien
en la penumbra
sin sol, sin luna,
ni frío, ni calor,
sin felicidad, sin tristeza.
Qué bien se está
en la penumbra
espera,
que sueñe algo más.
Me levanto sonriendo,
débil fulgor alcanza mi sonrisa.
Estoy acostumbrado,
a esta oscuridad sin sombras.
Acostumbrado,
pero qué mal esta palabra.
Acostumbrado,
tantas implicaciones con rutina.
No importa,
porque la costumbre
es experiencia.
Y sin embargo
nada permanece quieto
en su lugar,
o en un lugar al menos.
Todo se mueve
de aquí para allá
más lejos el horizonte
nunca el mismo.
Acostumbrado,
¿realmente lo estoy?
¿a qué?
A la soledad,
la penumbra en la que habito
mis sentimientos encallados
herméticamente sellados.
Fortaleza
es la palabra que resuena en mi cabeza
ahora aparece su contraria
¿será la verdadera?
¿la razón de mi conducta?
¿debilidad?
Habré de emprender algún día
la cruzada contra mis temores
sin embargo,
qué grandes se me antojan ahora.
Ante este plan,
que no llega a borrador
ni tan siquiera,
¿qué hacer?
Expresarme.
sí, muy bella palabra,
pero de muy difícil consecución.
No, otro día,
ahora estoy muy tranquilo
en la penumbra de mi habitación,
soñando quizás con días gloriosos
en la penumbra de mi soledad
pensamientos en ebullición.
Qué bien me siento,
qué bien me encuentro
sonriendo en esta grisácea claridad.
¿Será esto,
lo que la gente anda buscando?
¿Será esto,
mi felicidad?
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