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TEORIA GENERAL DE PSICOLOGIA


LIBRO:
LAS LEYES DEL PSIQUISMO

Alberto E. Fresina


CAPITULO 13
-(páginas 265 a 286 del libro de 426)


Indice del capítulo:

ESTRUCTURA DE LOS APARATOS
1. Hechos concretos y condiciones virtuales
2. Impulsos y bipulsiones que forman la estructura de los aparatos
3. Componentes funcionales de los aparatos





CAPITULO 13


ESTRUCTURA DE LOS APARATOS


1. Hechos concretos y condiciones virtuales

Las aspiraciones de la intencionalidad se orientan constantemente a dos tipos generales de metas: 1- hechos concretos, 2- condiciones virtuales. La diferencia básica entre ambos radica en lo definido o indefinido de la duración de algo, en lo estable o inestable del fenómeno. Un acto hábil, por ejemplo, es un hecho concreto porque permite ser delimitado en el tiempo y espacio, es algo que “aparece y desaparece” de la realidad, es un suceso que luego de ocurrir deja de ser al instante; después de presentarse ya no existe sino sólo como un hecho del pasado. En cambio las condiciones virtuales tienen una existencia relativamente constante. El poseer, haber o ser algo, están presentes con continuidad en la extensión del tiempo, al igual que el no poseer, no haber o no ser ese algo. Si bien las condiciones virtuales también fluctúan entre el ser y el no ser, por cuanto una cualidad que es, tarde o temprano deja de ser, y la que no es comienza a ser, no obstante, tienen una relativa estabilidad; están o no están presentes en un espacio de tiempo determinado.


2. Impulsos y bipulsiones que forman la estructura de los aparatos

Cuando tratábamos sobre los impulsos y bipulsiones, enfocábamos la atención solamente en los actos o hechos concretos, como metas o valores absolutos de esas tendencias. Esto era a los fines prácticos y como un modo de ordenar la tarea. Pero hay algunos impulsos y bipulsiones que, además de interesarse en hechos concretos, actúan en relación a las condiciones virtuales. La parte de esos impulsos y bipulsiones que trata sobre condiciones virtuales es la que pasa a formar la estructura motivacional de los aparatos.

Como decíamos más atrás, los aparatos surgen de la organización de los impulsos y bipulsiones. Los valores virtuales absolutos de los aparatos siguen siendo metas y valores absolutos de los impulsos y bipulsiones. Así por ejemplo, la bipulsión espiritual, cuyos valores absolutos son: lo positivo y lo negativo para el O.M.I.F., no sólo trata sobre los hechos concretos favorables o desfavorables al O.M.I.F., sino que las condiciones virtuales de bienestar o malestar estables del grupo también significan lo positivo o negativo para el O.M.I.F. Tales condiciones virtuales provocan el placer o displacer espirituales respectivamente. Por ello, en el caso del aparato del bienestar grupal vemos claramente la presencia estrucural de la bip. espiritual. Otro ejemplo es el caso de la bip. moral global. Una parte de ésta se orienta a los hechos concretos o actos buenos y malos en general, y la otra es la que trata sobre las virtudes y defectos como condiciones virtuales. Es decir, aquella primera parte es la que da lugar al resto de bipulsiones que tratan sobre actos o actitudes concretos; mientras que la otra parte de la bip. moral global se vuelca a lo virtual (virtudes y defectos). Los valores absolutos generales de la bip. moral global son siempre lo bueno o aprobable y lo malo o desaprobable. Luego, como las virtudes y defectos son cualidades buenas y malas del sujeto respectivamente, dichas virtudes y defectos son también formas particulares de lo bueno y malo en general. Así, esa derivación de la bip. moral global que trata sobre cualidades virtuales pasa a formar la estructura del aparato de la moral personal. Es la parte que va por “encima” de las bipulsiones y sus actos concretos, ocupándose de las virtudes y defectos surgidos de su actividad.

Para analizar la composición de los aparatos, debemos distinguir primero dos aspectos generales de tal composición. Uno se refiere a la estructura concreta de los valores virtuales absolutos, o sea, a los impulsos y bipulsiones que están presentes en forma directa en esos valores y en el interés con respecto a ellos (a ésto corresponden los ejemplos vistos). El otro aspecto se refiere a la organización y coordinación del funcionamiento de otras tendencias motivacionales que, aunque no formen parte del interés directo en relación a los valores virtuales de los aparatos, tienen no obstante una actividad subordinada a los fines de éstos. Por ejemplo, la bip. de la responsabilidad social tiene una buena parte de su actividad que está naturalmente subordinada a los fines de los aparatos sociales. El deber consiste en muchos casos en el cumplimiento de aquello que significa un medio para el logro de los ideales sociales. La bip. de la responsabilidad social se va ocupando de los hechos concretos que son pasos parciales en relación a los ideales de bienestar social o de honor y dignidad tribales. En este ejemplo vemos que si bien el cumplimiento del deber, como acto concreto, no forma parte de la estructura directa de los valores virtuales de los aparatos sociales, se encuentra sin embargo subordinado a los fines de ellos. Su actividad se halla en gran parte librada a lo que debe hacerse en cada caso para favorecer el logro de dichos ideales. Otro ejemplo es el caso de las bipulsiones ética-seriedad y ética-gravedad. Aunque las mismas no participen directamente en la estructura de los valores virtuales de los aparatos, se movilizan resguardando los intereses de estos últimos. Son las que responden condenando a quien atenta contra los valores virtuales positivos que se poseen, y las que gratifican a quien contribuye a reafirmarlos. Así por ejemplo, cuando alguien ofende el honor de la tribu, o atenta contra las condiciones de bienestar del sujeto, se movilizará la bip. ética-seriedad, o gravedad, respondiendo agresivamente a ese ataque hacia los valores positivos de los aparatos. Por el contrario, si se reciben tributos hacia el honor de la tribu, o una contribución a las condiciones de bienestar, aquellas bipulsiones responderán gratificando o retribuyendo los honores hacia quien contribuyó a reafirmar los valores positivos de los aparatos.

Entonces, por un lado están los impulsos y bipulsiones que tienen una parte de su actividad volcada al plano de las condiciones virtuales, y que son los que dan lugar a la estructura directa de los valores virtuales de los aparatos. Y por otro, encontramos muchos componentes motivacionales que, aunque no formen parte directa del interés esencial con respecto a los valores virtuales de los aparatos, se subordinan y organizan funcionalmente bajo la órbita de su movimiento.

En base a tal distinción, analizaremos primero los impulsos y bipulsiones que tienen una parte de su actividad referida a las condiciones virtuales, y que son los que dan forma a la estructura motivacional directa en relación a los valores virtuales de cada aparato. Luego veremos el resto de tendencias cuya actividad, volcada a los hechos concretos, se encuentra naturalmente subordinada a los fines de los aparatos, formando parte de su funcionamiento integral.

[ Entrando aquí se puede observar un esquema de la estructura de los aparatos, que resume lo que analizaremos seguidamente. Se recomienda imprimir el gráfico (en horizontal)]

Entre los impulsos y bipulsiones que dan lugar a la estructura directa de los valores virtuales absolutos y al interés esencial en relación a ellos, hay algunos que se hallan presentes en todos los aparatos por igual; son éstos los impulsos de conservación, de alivio, de gozo, de continuación, de recuperación, y las bipulsiones anticipatoria y estética.

Los impulsos de conservación, de alivio, de gozo y de continuación, que son los representantes más directos de la ley general, cumplen en los aparatos las cuatro funciones centrales de la intencionalidad en su lucha contra las fuerzas contrarias. El de conservación es el encargado de evitar los valores virtuales negativos, cuya posesión es siempre fuente de displacer. El de alivio trata de salir del estado displacentero que significa la presencia de los valores negativos. El de gozo tiende a lograr los valores virtuales positivos, que son deseados por implicar la seguridad de placer correspondiente. Y el de continuación trata de mantener los valores virtuales positivos, fomentando su continuidad por ser fuentes de placer.

El imp. de recuperación se ve movilizado cuando se produce la pérdida o deterioro del nivel de valores virtuales que eran habituales. Por ejemplo, cuando el sujeto ve que sus virtudes no son como antes, aparecerá la nec. característica del impulso, que motivará hacia la recuperación de aquel nivel que era habitual. También, si las condiciones materiales de vida, que se habían tornado habituales, comienzan a deteriorarse, aparecerá la nec. del impulso, por lo que se tratará de recuperarlas. Así, al lograr volver a la “normalidad”, se produce la satisfacción del imp. de recuperación, desapareciendo su nec. (sentimiento de carencia de lo habitual).*


* Correspondería también al impulso de recuperación el eventual interés de los aparatos por la libertad, la justicia social, y otras condiciones naturales de vida, que aparecen como valores sólo cuando se hallan ausentes por determinadas circunstancias. La libertad, por ejemplo, entendida como ausencia de opresión por parte de otros hombres, es una condición natural de la vida humana, que se transforma en una meta a lograr sólo cuando se encuentra ausente.


La bip. anticipatoria, como recordaremos, tiene a cargo todas las reacciones anímicas placenteras o displacenteras que se anticipan a otros hechos concretos productores de placer o displacer. Entre esas reacciones, los sentimientos de éxito y fracaso, o alegría del logro y frustración, serían las más importantes. Pero se incluyen también en la bipulsión todas las reacciones de placer, o alegría, conformidad, etc., que anticipan otros hechos placenteros, y toda amargura, disgusto, disconformidad, anticipatorios de lo malo o displacentero en general. Los valores virtuales de los aparatos encierran siempre una gran cantidad de hechos concretos futuros implicados bajo esas condiciones estables. Por eso, los sentimientos de alegría y conformidad por los valores positivos que se poseen, así como el disgusto, amargura y disconformidad por los negativos, son reacciones anímicas anticipatorias de toda la serie de hechos concretos favorables o desfavorables respectivamente, que tales condiciones estables anuncian.

Por último, decíamos que la bip. estética tiene también una presencia generalizada en los valores virtuales de todos los aparatos. Ello es así, porque los valores virtuales positivos y negativos están siempre asociados al placer y displacer respectivamente. Tal asociación hace que los valores positivos provoquen por sí mismos un placer estético o contemplativo en el sujeto; mientras que la sola presencia de los negativos provoca un displacer estético. En otros términos, aquella asociación hace que los valores virtuales adquieran una relativa autonomía en su capacidad de producir placer o displacer estéticos. Así, los valores positivos adquieren cierta belleza, y los negativos aparecen como algo feo o desagradable a la sola contemplación (concreta o a través de la representación mental).

Los cinco impulsos y las dos bipulsiones vistos se hallan presentes generalizadamente en el movimiento de los valores virtuales absolutos de todos los aparatos. Veremos ahora el resto de los componentes directos de cada uno, los que obviamente se suman a aquéllos.


Aparato ético: defectos-virtudes ajenos

Un componente esencial de este aparato es la bip. ética global. Esta es la responsable de las reacciones de agrado por lo bueno y desagrado por lo malo ajenos, aprobando lo bueno y desaprobando lo malo. Dicha bipulsión, como ya vimos, da lugar a tres bipulsiones particulares que se ocupan de responder ante las conductas ajenas en cuanto hechos concretos buenos o malos. Pero hay otra parte de la bip. ética global que se vuelca hacia las condiciones virtuales o estables, es decir hacia las virtudes y defectos ajenos como formas de lo bueno y malo. Esta parte es la que da lugar al aparato ético. Así, las virtudes ajenas provocan un agrado o conformidad estables hacia quien las posee, lo que se manifiesta en las muestras concretas de estima, valoración, aprecio, como segunda fase del aparato ético. Por su parte, los defectos ajenos provocan una disconformidad o desagrado estables, que se expresan en la segunda fase del aparato a través de las muestras de desestima o desvalorización.

Debemos tener en cuenta que el aparato ético, al ser una forma particular, derivada hacia lo virtual, de la bip. ética global, lleva a su vez contenidos a los distintos componentes motivacionales que forman a dicha bipulsión. De ese modo, la primera fase del aparato, que consiste en el agrado o desagrado ante las virtudes o defectos ajenos, está sustentada por: 1- la bip. estética, que se halla presente en las reacciones de placer o displacer ante las virtudes o defectos, los que aparecen como bello-feo respectivamente. 2- el placer o displacer (por lo general anticipatorios) que resultan del beneficio o perjuicio que significan para el observador determinadas cualidades o atributos ajenos. 3- la bip. espiritual, que responde con placer o displacer ante las cualidades ajenas que implican lo favorable o desfavorable para el O.M.I.F. del observador. Por otro lado, la segunda fase del aparato, que consiste en las expresiones de estima o desestima a través de las muestras concretas de dichos sentimientos, se forma con los impulsos fraterno y de agresión, que son los ejecutores de tales manifestaciones, como formas de aprobación o desaprobación globales respectivamente. También el imp. de comunicación participa aquí con su nec. de manifestar la conformidad o disconformidad con ciertas cualidades ajenas.

Hay que recordar que los componentes mencionados acumulan a su vez la esencia de otros elementos motivacionales. Así por ejemplo, la bip. estética, como uno de los componentes de la bip. ética global (y por tanto del aparato ético), se forma con varios impulsos, tales como los de gozo y de continuación, que buscan vivenciar el placer que produce lo bello (virtudes); los de conservación y de alivio, que tratan de negar el desagrado por lo feo (defectos); el de curiosidad, que se encuentra presente en el asombro y la admiración estética ante determinadas cualidades ajenas. Así, si vamos desintegrando los componentes del aparato ético de lo más complejo a lo más simple, veremos la diversidad de elementos que se han ido organizando en el marco de su estructura.

Por otra parte, corresponderían también al aparato ético los sentimientos de máxima estima en forma de amor, fraternal o pasional, y de máxima desestima como odio o aversión. Tales sentimientos tendrían siempre el sustento motivacional de alguno de los elementos nombrados como componentes del aparato.

Esa máxima estima tiene dos formas de manifestarse, y cada una de ellas cuenta con respectivos impulsos en los que se apoya:


1-Amor fraternal:
.
.
.
imp. fraterno
.
(amistades, familiares, compañeros,
personas valoradas)
2- Amor pasional:

imp. de gozo

imp. de continuación

(gran atracción por algo
productor de gozo)


En el estado de enamoramiento se juntan el amor fraternal por la valoración a la persona con el amor pasional surgido de la gran asociación al goce del objeto-sujeto.

Por otro lado, también hay dos formas complementarias de máxima desestima, sustentadas por impulsos antagónicos en relación a aquéllos:


1- Odio:
imp. de agresión
(enemistad)
2- Aversión:

imp. de conservación

imp. de alivio

(repulsa hacia personas, situaciones
u objetos, productores de dolor
o sufrimiento)


Puede pensarse que a estos sentimientos, o actitudes, afectos, como formas especiales y superlativas de estima o desestima, no sería adecuado considerarlos bajo el calificativo de “éticos”. Sin embargo, se trata básicamente de respuestas afectivas hacia las virtudes y defectos ajenos, o a lo bueno-malo de los atributos que se perciben en las personas o cosas. Por ello, aunque algunas formas de estima-desestima, según pareciera, no correspondería concebirlas como respuestas éticas, cumplen no obstante una clara función ética, puesto que sirven para motivar al otro (o a sí mismo cuando se trata de la autoestima o autodesestima) a desarrollar o mejorar las virtudes y a procurar la negación de los defectos. La sola situación por la que se estima al virtuoso y se desestima a quien posee defectos importantes es la condición que estimula a los sujetos a desarrollar adecuadamente sus cualidades personales o morales en general.

Una situación similar se presenta con el caso, por ejemplo, de la habilidad- torpeza respecto a su calificativo de “moral”. Los actos hábiles y torpes no aparecen en un principio como elementos morales en el sentido habitual de la palabra. Pero el placer-displacer respectivos que provocan la aprobación-desaprobación hacia esos valores (o la autoaprobación-autodesaprobación) son esencialmente morales, por el hecho de ser producto de lo bueno o malo de la propia conducta.


Aparato de la moral personal: defectos-virtudes personales

Entre los componentes motivacionales que hacen a la estructura del aparato se destaca en primer lugar la bip. moral global. Como ya vimos en el ejemplo de más atrás, dicha bipulsión tiene en el interés por la posesión de virtudes y la ausencia de defectos una de sus formas de manifestarse. Tales cualidades son respectivamente atributos buenos y malos del sujeto.

La división de la bip. moral global, por la que una parte de su interés se vuelca a los hechos concretos, dando forma a una gran parte del sistema de bipulsiones, y la otra se orienta hacia las virtudes y defectos, se basa en las dos formas que tiene el impulso de aprobación de obtener satisfacción. Una es la aprobación o felicitación por un acto bueno, y la otra las muestras de estima como forma de aprobación global hacia la persona. Como recordaremos, el imp. de aprobación forma una de las cabeceras de la bip. moral global. Es el impulso que tiene en lo bueno propio la meta absoluta que lleva a su satisfacción. Por tanto, la bip. moral global, que lleva contenido al imp. de aprobación en su interés por lo bueno, se divide en aquellas dos formas generales de lo bueno: actos concretos (acto hábil, justo, etc.) y virtudes personales. Lo primero lleva al placer de la aprobación y autoaprobación espontáneas hacia la conducta concreta, y lo segundo a la estima social y autoestima como aprobación y autoaprobación estables. Por otro lado, la parte negativa, que es la desaprobación y autodesaprobación por lo malo, también se “abre” simétricamente a aquello; es decir, se da por una parte la desaprobación y autodesaprobación hacia los actos malos concretos, y por la otra la desestima y autodesestima por los defectos personales, como formas estables de lo malo. De tal manera, la parte de la bip. moral global que trata sobre las cualidades personales estables es la que da lugar al funcionamiento del aparato de la moral personal.

Otro componente directo del interés por las virtudes personales y la negación de los defectos es el aparato ético. Este es el que hace sentir la conformidad o disconformidad consigo mismo según virtudes y defectos propios. Los sentimientos de autoestima o autodesestima son producto de una combinación ética-moral. Primero se da la respuesta ética de conformidad o disconformidad ante la evaluación sobre sí mismo, a lo que sigue la correspondiente reacción espontánea de placer o displacer morales. La parte ética es la estimadora o desestimadora, y la parte moral es la que recibe la estima o desestima provenientes de ese mecanismo ético automático. Pero ambas fases son prácticamente simultáneas; forman el único sentimiento de autoestima o autodesestima.

Un tercer componente directo del interés por las virtudes y la negación de los defectos personales es la bip. de la lucha moral. Esta bipulsión no sólo trata sobre los hechos concretos (ganar-perder, hacerlo mejor o peor, etc.), sino que también actúa plenamente en el plano de las condiciones virtuales. En este nivel sus valores absolutos aparecen como ser mejor - ser peor. El “motor agregado” que significa la bip. de la lucha moral, para el movimiento de todos los valores con motivaciones morales, se presenta también en el aparato de la moral personal. Aquí, el ser mejor - ser peor llevan contenidas a las virtudes y defectos, que se someten al manejo dinámico de la bip. de la lucha moral. En este plano, las virtudes y defectos son los “materiales” en disputa. La bip. de la lucha moral aporta el ser “mejor” o “peor”, como mecanismo vacío, mientras que las virtudes y defectos constituyen el “en qué” se es mejor o peor, o sea, forman los elementos sobre los que actúa el mecanismo.

El aspecto fundamental sobre el que trata la bip. de la lucha moral es, aquí, lo cuantitativo de las virtudes, lo diferencial del grado en que se las posee. El interés por poseer virtudes y no tener defectos ya está “sobreentendido”. Ahora la cuestión central se refiere al ser más virtuoso o menos virtuoso. Esta lucha puede ser clasificada de diversas formas:

1- Social o individual. Es social cuando el planteo se refiere a quién es mejor o peor; y es individual cuando se trata de mejorar y de superarse a sí mismo.
2- Por virtudes parciales o en relación a la virtud global o sintética. Es decir, la lucha puede referirse a una virtud aislada, ejemplo: quién es más hábil para determinada tarea, o bien, puede tratar sobre el ser mejor o peor individuo en el total de aspectos.
3- Implícita o expresa. Es implícita cuando la espontánea emulación lleva necesariamente a desarrollar un interés por ser de los mejores, o el mejor si se puede, evitando ser de los peores, o ser peor que determinado sujeto. Y es expresa cuando se ponen a prueba los valores en un claro desafío o juego, para “ver” quién es mejor.*


* El ser mejor en grado de virtudes nada tiene que ver con el turbio concepto de “superioridad” (humana, etc.). Ser mejor significa básicamente ser fuente de agrado para quienes así califican al sujeto o grupo. Las cosas son mejores o peores según gusten o no a quien las valora. Una comida es mejor que otra porque es más sabrosa y del agrado de quien la califica así. Por ello, el deseo de ser mejor es el deseo de ser algo bueno, algo agradable para los otros. Sólo por eso se es mejor. El mejor en virtudes es el mejor en “bondades” personales. En cambio el “superior” es algo enfermizo, hostil, desagradable, es el peor.

El imp. sexual, y en especial cuando se encuentra en un prolongado estado de insatisfacción, puede ser también un importante componente motivacional del aparato de la moral personal. Al constituir las virtudes o defectos personales un factor determinante del mayor o menor grado de aceptación sexual, aquel impulso motiva frecuentemente al desarrollo de virtudes y la negación de defectos. Sin embargo, no haría falta nombrar a este impulso entre los componentes del aparato, por el hecho de haberlo incluido en su momento en la bip. moral global, a la que ya se mencionó como componente esencial de aquél. O sea, debemos dar por descontada la presencia, en el aparato, de los elementos que forman a dicha bipulsión, entre los que se encuentra frecuentemente el imp. sexual, al procurar la aceptación sexual a través de lo “bueno propio” en general; en este caso en su forma virtual: virtudes personales.

Hay varios casos análogos a este, donde no se menciona algún componente motivacional de una tendencia compleja, por el hecho de dar por descontada su presencia allí, cuando sí se nombró previamente a otro elemento componente en el que aquél va incluido.


Aparato de la moral grupal: defectos-virtudes grupales

La bip. moral grupal es la que da lugar en forma directa a la estructura del aparato. Como recordaremos, dicha bipulsión tiene como valores absolutos: lo bueno o malo del propio grupo. En esos valores generales se incluyen, obviamente, las virtudes y defectos, o condiciones virtuales honrosas y deshonrosas respectivamente, como formas particulares de lo bueno y malo del grupo. Así, esta parte de la bip. moral grupal, que trata sobre lo virtual o estable de los valores, es la que da vida y movimiento al aparato de la moral grupal.

En el de la moral grupal se halla también presente el aparato ético, que es el que hace sentir conformidad o disconformidad con “nuestras” virtudes o defectos, como producto de la evaluación sobre lo que es honroso o motivo de orgullo, y lo deshonroso o humillante del propio grupo.

Finalmente, la bip. de la lucha moral actúa también sobre las virtudes y defectos grupales. Es la responsable de la emulación y el interés por ser la mejor tribu o grupo, dando la máxima vitalidad y dinamismo al aparato. La bipulsión de la lucha moral es como un “acelerador” de las motivaciones morales. Por ello, en el aparato de la moral grupal es el elemento que multiplica el interés por el mejoramiento de las virtudes grupales.


Aparato del bienestar personal: malestar-bienestar personales

En este casi no hay agregados con respecto a los componentes que son comunes en la estructura motivacional directa del interés en relación a los valores virtuales absolutos de todos los aparatos (imp. de conservación, de alivio, de gozo, de continuación, de recuperación, y las bipulsiones anticipatoria y estética). Sólo se agregaría el impulso de variación, que a menudo responde con el hartazgo o nec. de cambio ante determinadas condiciones estables de vida personal que se han tornado monótonas o rutinarias.

Como ya dijimos, en el aparato del bienestar personal se incluyen todos los intereses del sujeto exceptuando los morales y espirituales. El aparato abarca condiciones materiales favorables o desfavorables para la mayoría de los impulsos, así como para lo que interesa a las bipulsiones no morales ni espirituales y a la macropulsión.

El hecho de que el aparato se ocupe de todos los valores virtuales relacionados a esos intereses, es algo que nos puede hacer creer que aquel conjunto de tendencias no morales ni espirituales también formarían parte directa del aparato del bienestar personal. Pero no es así por lo siguiente. En principio, los aparatos son mecanismos activos y en movimiento. Los componentes de su estructura motivacional son siempre impulsos y bipulsiones igualmente en movimiento. Por eso, si un sujeto, movido por su interés en el bienestar personal, decide, por ejemplo, instalar un sistema de calefacción en su casa, y lo hace en pleno verano, adelantándose a los fríos de invierno, ello no implicará que el imp. de calefacción esté motivando esa conducta. Si suponemos que en el momento que lo decide, el sujeto no siente el menor frío como nec. del impulso, ello quiere decir que su imp. de calefacción no se halla movilizado, por lo que la correspondiente tendencia dirigida se encuentra inactiva. Sin embargo, aquel individuo tiene un decidido interés en instalar la calefacción y no se detiene hasta lograrlo.

Los impulsos responsables de esa conducta serían básicamente los de gozo y de conservación, que son los dos representantes más directos de la ley general. Dicha ley, como sabemos, es la tendencia constante de la intencionalidad a afirmar el placer y negar el displacer, y que además se propone lograr el máximo placer y el mínimo displacer posibles. Los impulsos de gozo y de conservación son los ejecutores permanentes de esa aspiración absoluta de la intencionalidad. Por tanto, ellos son lo que “miran” el futuro, procurando constantemente promover las condiciones de vida más favorables, que aseguren el máximo placer y el mínimo displacer posibles. De tal forma, esos impulsos son los que, en el ejemplo, se interesan en que haya calefacción. Ello es lo que garantiza la presencia del placer de la calefacción y la negación del displacer del frío para el invierno, y para los otros inviernos. Luego, el imp. mediador y la bip. anticipatoria, que son apoyos generales para todas las metas de la intencionalidad, verán en la instalación del sistema de calefacción una meta a lograr, apoyando ese interés.

Los impulsos de gozo y de conservación se valen de las vías de entrada al placer y displacer de los otros impulsos, anticipándose a ellos, en base al mero interés en la afirmación del placer y la negación del displacer en general. En el ejemplo que traemos, estos impulsos “consideran” la cantidad de placer y displacer que pueden producir la calefacción corporal y el frío respectivamente, y actúan según ello. Pero sólo están operando en base a las vías de entrada al placer y displacer de otro impulso, lo que no implica que en ese interés esté presente dicho impulso.

Lo mismo con respecto al interés del aparato del bienestar personal por las “facilidades de alimentación”, o por la “seguridad sexual”. Si un sujeto se preocupa por esos valores virtuales luego de haber ingerido alimentos en abundancia, o cuando el imp. sexual se halla satisfecho, los impulsos alimenticio o sexual no estarán presentes en aquellos intereses virtuales. Se tratará de los impulsos de gozo y de conservación, que al manejar siempre la realidad para asegurar el máximo placer y el mínimo displacer futuros, “consideran” nuevamente las vías al placer y displacer de aquellos impulsos, de modo de asegurar que sean fuentes de placer y no de displacer (insatisfacción) futuros.

En los únicos casos en que los otros impulsos pueden estar ocasionalmente presentes en los intereses virtuales del aparato del bienestar personal, es cuando se encuentran eventualmente insatisfechos y movilizada su T.D. Así por ejemplo, el interés por las facilidades de alimentación, como condición virtual, puede estar reforzado por la propia tendencia dirigida del imp. alimenticio cuando éste se halla en estado de nec. Sin embargo es poco lo que puede influir al respecto. Cuando dicho impulso está movilizado, lo que le interesa básicamente es comer “ahora” y opíparamente; mientras que aquel interés virtual por las “facilidades de alimentación” corresponde fundamentalmente a los impulsos de gozo y de conservación, que “piensan” en el placer y displacer futuros, deseando el primero y temiendo el segundo respectivamente.

Los impulsos de gozo y de conservación son prácticamente la misma ley general en forma de impulsos. Al ser dicha ley la unidad de sus dos tendencias parciales: afirmadora del placer y negadora del displacer, y al ser esos impulsos las formas más representativas de ello, constituyen por tanto los dos brazos con que la intencionalidad maneja casi todos sus asuntos. Tales impulsos se superponen prácticamente a todos los intereses de la motivación.

Entonces, aunque el aparato del bienestar personal abarca todo lo que en el plano virtual se relaciona con las tendencias materiales, o no morales ni espirituales, sus componentes motivacionales directos son sólo los impulsos y bipulsiones mencionados más atrás, o sea, los que son comunes en todos los aparatos, más el imp. de variación; a lo que se agregaría la posible participación ocasional y rotativa de algún impulso movilizado, que puede sumarse al interés por determinada condición virtual favorable para su satisfacción.


Aparato del bienestar grupal: malestar-bienestar grupales

El único componente que se agrega a los compartidos por todos los aparatos, pero que aquí es el fundamental, es la bip. espiritual. Vimos ya que esta bipulsión divide su tarea entre el plano de lo concreto, donde trata de afirmar los hechos favorables y negar los desfavorables para el O.M.I.F., y el de las condiciones virtuales. Esta última parte de la bipulsión da lugar al aparato del bienestar grupal.


Aparato de la integración general: infelicidad-felicidad

Los aparatos de la moral personal, de la moral grupal, del bienestar personal y del bienestar grupal, forman los cuatro grandes pilares que sostienen la estructura del aparato de la integración general. Este último no es más que la síntesis o el conjunto de los otros. Por tanto, lleva inmersos en su composición a todos los elementos que forman la estructura de cada uno de ellos.

La actividad de este aparato no es otra cosa que la integración, coordinación y organización del funcionamiento de los aparatos que lo componen. Todos los ideales que se fijan éstos van convergiendo hacia la felicidad. No hay ideales que escapen al orden mayor del aparato de la integración general. Cualquier ideal particular lleva siempre el auspicio del aparato supremo, que lo concibe como un paso para la felicidad integral del sujeto.

Dentro del mundo de elementos motivacionales que forman al aparato, se destacan con gran relevancia los impulsos de gozo y de conservación. El de gozo es el responsable del deseo de la felicidad y del logro de todos los ideales que llevan a ella, puesto que las condiciones de felicidad son las que aseguran la abundante presencia del placer material, moral y espiritual. El imp. de conservación, por su parte, es el que responde con temor hacia las condiciones de infelicidad. Por tanto, evita siempre los valores virtuales negativos, o “anti-ideales”, que son seguras fuentes de displacer material, moral o espiritual.

Como podremos notar, la altura donde se halla este aparato se ubica por encima de las nubes que en algún momento nos dificultaban la visión. Aquí, en la cumbre del espíritu, no hay ya obstáculo alguno que nos impida ver con toda claridad la esencia de la ley general. La felicidad-infelicidad, a pesar de ser los valores que se encuentran en las máximas alturas del psiquismo, vuelven a mostrar con notable transparencia la presencia de la ley general en su lucha contra las fuerzas contrarias. Esos valores supremos expresan en forma directa la tendencia absoluta de la intencionalidad. Es por ello que las principales figuras del psiquismo: los impulsos de gozo y de conservación, se encuentran en la cabecera del aparato, mostrando en qué consiste la aspiración esencial de la materia subjetiva.

Aunque hayamos abandonado las nubes, a las que podemos ver flotando debajo nuestro, continúa aún el fuerte viento aquí en la cima de la mente. Es este el viento vivo del alma humana, que sopla con su eterna persistencia desde la infelicidad hacia la felicidad.


3. Componentes funcionales de los aparatos

Hasta aquí hemos tratado sobre los elementos que componen la estructura directa del interés absoluto por afirmar los valores virtuales positivos y negar los valores virtuales negativos. Ahora observaremos los componentes motivacionales que vuelcan su accionar hacia los hechos concretos, pero que subordinan naturalmente su actividad al movimiento integral de los aparatos, formando parte de ellos en lo funcional. De tales componentes veremos los fundamentales.

En principio, las bipulsiones anticipatoria y estética se hallan, también en el plano de lo concreto, apoyando la conducta orientada hacia los fines de todos los aparatos. Donde más se acentúa la participación de esas bipulsiones es en lo que hace a la persecución de los ideales. La primera es la encargada de todas las reacciones de placer o displacer anticipatorios, como respuestas al acercamiento o alejamiento del logro de los ideales. Entre esas reacciones, las principales son: el sentimiento de éxito por el logro de los ideales y la amargura del fracaso en ello. Luego, la bip. estética es la que experimenta constantemente fantasías consistentes en la representación mental de todo aquello que implicaría el logro del ideal, evitando a su vez las imágenes de lo que supondría el fracaso. Estas dos bipulsiones no serán nombradas en la composición funcional de los aparatos, considerando constante su presencia en ellos.


Aparato ético

Las tres bipulsiones éticas y la bip. de la enseñanza actúan en el plano de lo concreto aconsejando, corrigiendo, sugiriendo, alentando, amenazando, premiando o insultando, en vistas a que los demás desarrollen o mejoren sus virtudes. Las respuestas de aprobación o desaprobación hacia los actos ajenos concretos, o el enseñar algo específico, con frecuencia llevan contenida la finalidad mediata de que el otro sea mejor. En otras palabras, lo que ocurre a nivel de los hechos concretos se realiza en función de lo virtual o trascendente de la finalidad perseguida por el aparato ético.


Aparato de la moral personal

La bip. moral global, en su parte volcada a los actos concretos, así como las bipulsiones derivadas de ella, organizan su actividad bajo los fines globales del aparato; es decir, los actos concretos de esas bipulsiones responden a lo que hay que hacer para poseer virtudes, o bien para ser un individuo valorable por sus cualidades.

La bip. de la lucha moral, en su parte volcada a los hechos concretos (ganar-perder, o hacerlo mejor-peor), tiene un importante papel en el funcionamiento del aparato de la moral personal. Es la que constituye el campo de prueba para las virtudes y defectos. Los valores de la actividad tienen allí el más firme parámetro indicador, que permite saber en qué lugar de la realidad se está ubicado. Así, si un sujeto cree tener un grado excepcional de virtudes, o si cree que es el mejor en determinada cualidad o capacidad, sólo su triunfo o el “hacerlo mejor” en aquello de lo que tratan las supuestas virtudes es lo que demostrará la veracidad de esa suposición. Mientras que si es aventajado o derrotado, podrá saber, gracias a ello, que su nivel no era como creía, lo cual lo motivará a desarrollar más sus virtudes. En otros términos, la parte concreta de la bip. de la lucha moral es un “centro calificador” de virtudes. El ganar muchas veces en un juego, por ejemplo, convierte automáticamente en hábil a un sujeto; mientras que el ser perdedor es, según el caso, un título de torpeza. Por ello, el aparato de la moral personal tiene en el ganar-perder una constante fuente actualizadora de la “tabla” de valores virtuales.

Las bipulsiones ética-seriedad y gravedad se “turnan” para responder agresivamente hacia quien atenta contra los propios valores virtuales positivos o contribuye a generar los negativos; gratificando a quien contribuye a reafirmar los positivos o a poner fin a las propias condiciones virtuales negativas. En el aparato de la moral personal, el ataque a los valores consiste en la ofensa, humillación, degradación. Esto provoca un intenso displacer, que ingresa por la vía de la desaprobación. O sea, el insulto es en esencia una forma de desaprobación o rechazo, pero tan intensa y frontal que produce un profundo disgusto, a lo que sigue la respuesta agresiva de la bip. ética-seriedad o gravedad. Por el contrario, cuando se reciben honores o elogios, que son lo opuesto a la ofensa, significan una contribución o reafirmación de los propios valores positivos o virtudes. Por ello, según el caso, se responderá retribuyendo los honores.


Aparato de la moral grupal

La parte de la bip. moral grupal que vuelca su actividad hacia los hechos concretos actúa constantemente orientada hacia la realización de actos grupales positivos o destacados. Tales actos concretos constituyen el camino por el que se llega a la posesión de virtudes grupales en el plano de la estabilidad de los valores. También, esos hechos positivos del grupo sirven como muestras de la posesión de virtudes, o como una consolidación de las mismas. De tal modo, los actos concretos de la conducta moral del grupo se subordinan a los fines virtuales del aparato.

La bip. de la responsabilidad social, y sus derivadas, tienen también una actividad subordinada a los intereses morales del grupo. Con frecuencia, el llamado del deber queda librado a lo que haya que hacer para favorecer los ideales de dignidad y honor tribales (o grupales). Así, la bip. de la abnegación empuja a realizar esfuerzos y actos de servicio que tiendan a favorecer el logro de dichos ideales. Luego, la bip. de la lealtad tiene un importante campo de su accionar en la subordinación a la causa común de los ideales de honor tribal. El deber de esta bipulsión consiste en la constante realización de actos consecuentes con la línea de conducta que exigen tales ideales. La bip. de la devoción tribal impulsa a la realización de actos individuales que implican ofrendas o tributos hacia el ente supremo. Tales actos, así como el honrar verbalmente al espíritu colectivo, contribuyen a reafirmar los valores de dignidad y honor tribales. La bip. del heroísmo, que reúne a su vez otras formas del deber, subordina naturalmente su actividad a todo lo relacionado con el honor de la tribu.

La bip. del rendimiento personal (junto con todas las bipulsiones que funcionan bajo su orden) subordina también su actividad a los intereses del aparato. El buen o mal rendimiento personal dependen, en muchos casos, de la medida en que la labor individual contribuye a las aspiraciones morales del grupo.

Las bipulsiones ética-seriedad y gravedad se encargan de resguardar los valores del aparato de la moral grupal. La ofensa o agravio hacia el honor de la tribu es un ataque a los más altos valores del sujeto. El fuerte displacer y la indignación que ello provoca, son seguidos por la respuesta agresiva de la bip. ética-seriedad o gravedad. Por el contrario, tales bipulsiones responden comúnmente retribuyendo los honores hacia quien contribuye a reafirmar los valores de dignidad tribal.

La bip. de la enseñanza se ve también subordinada al funcionamiento del aparato. Los ideales morales de dignidad y honor tribales se valen de esta bipulsión para que la educación de los miembros de la tribu se oriente hacia los fines del aparato.

La bip. de la lucha moral, en su parte concreta (ganar-perder, hacerlo mejor-peor, aventajar-ser aventajado), constituye el campo de prueba para las virtudes grupales. Por ejemplo, entre los clubes deportivos que se enfrentan en un campeonato, sólo el triunfo-derrota deciden sobre quién es mejor. Ser campeón es la condición virtual que significa un título de virtudes grupales; es el título de mejor. Pero el triunfo concreto a nivel de los hechos es por donde se debe pasar para alcanzar aquella honrosa condición virtual. Por ello, la bip. de la lucha moral, en su parte orientada al plano concreto, subordina su actividad a los fines virtuales del aparato de la moral grupal. Se procura ganar o hacerlo mejor en el plano de los hechos concretos, pero en vistas a lograr una mejor ubicación en lo virtual a través del título de ganador; o bien, se trata de ganar para demostrar que se es mejor o que se poseen determinadas virtudes.

En la vida primitiva, el aventajar - ser aventajado, o el hacerlo peor o mejor, en cuanto a logros concretos de una tribu, debían constituir los indicadores, a nivel de hechos concretos, para saber qué tribu es mejor o peor en determinadas cualidades grupales. Es probable, también, que en las buenas épocas, donde las facilidades de alimentación, etc., hacían innecesaria una gran dedicación en el trabajo, se plantearan algunos desafíos o juegos entre tribus vecinas, con un auténtico carácter deportivo. Es decir, no sólo en el interior de cada una se desarrollarían diversos juegos de ganar-perder, sino que se producirían entre aquéllas esporádicos desafíos morales, para entusiasmo de protagonistas y espectadores de las distintas tribus.

La suposición de que habrían tenido lugar esporádicamente esas competencias o desafíos de carácter deportivo entre las tribus vecinas se fundamenta, en principio, en el entusiasmo que despiertan, por ejemplo, los campeonatos entre clubes deportivos, los torneos intercolegiales o universitarios, las competencias deportivas entre poblaciones o localidades, etc. La capacidad natural de entusiasmo que existe universalmente en relación a ese tipo de competencias no sería algo casual, sino que tendría la premisa de una cierta herencia primitiva sobre el particular. Por otro lado, y esto sería lo más importante, aquellos encuentros constituirían un elemento de gran utilidad para las tribus que los practicaran eventualmente. Como los mismos tendrían lugar especialmente en las épocas favorables, cuando es menos necesaria la actividad laboral, dichos encuentros servirían como un elemento más para el mantenimiento de las capacidades. Al mismo tiempo, servirían también para incentivar el interés por mejorar continuamente las habilidades. La derrota de los miembros de un tribu, por ejemplo, “informa” a éstos que no son tan buenos como podían creer, lo que los motivará a tratar de mejorar sus habilidades. En cambio, sin ese parámetro objetivo seguirían conformes con la suposición de que son los mejores, por lo que no habría mayores motivos para procurar un mejoramiento de sus capacidades.

Dado que en las condiciones de vida de los primitivos se hallaban presentes todas las premisas objetivas para que aquello pudiera tener lugar (desarrollo moral-espiritual, relaciones de cordialidad y respeto entre las tribus, espíritu deportivo, deseo de ser los mejores, e infinitas posibilidades materiales para una gran variedad de juegos o desafíos morales con carácter deportivo), las tribus que aprovecharan tales posibilidades, y en las que a la vez existiera la capacidad de sentir entusiasmo por ello, lograrían una considerable ventaja común para la sobrevivencia, en relación a otras tribus incapaces de aprovechar ese importante estímulo para el mantenimiento y mejoramiento de las capacidades globales de rendimiento.

Si bien estamos hablando de lo que sólo puede ser una suposición, lo que sí es más seguro es que hay en nosotros una cierta propensión, en muchos casos injustificada, a subestimar a los primitivos, negando en ellos lo que vemos funcionar generalizadamente en la actualidad, o que sabemos que funcionaba en la historia conocida, olvidándonos de que nuestros antecesores de la época del organismo social primario, o sea los ya humanos seres racionales, eran iguales a nosotros en la totalidad de aspectos esenciales, no habiendo motivos para creer que no sabían aprovechar las oportunidades materiales a su alcance, máxime cuando las mismas, además de posibilitar el entusiasmo, eran de utilidad para la sobrevivencia. Así como no nos resulta difícil suponer la posibilidad de que los primitivos se enfrentaran en la guerra, tampoco debiera resultarnos inconcebible otro tipo de relaciones más amistosas entre las tribus.


Aparato del bienestar personal

Además de la bip. anticipatoria (éxito-fracaso, acierto-error, o toda reacción de placer o displacer anticipatorios) y la bip. estética (fantasías, realistas o no, del ideal a lograr), que son apoyos funcionales para los fines de todos los aparatos, sólo se agregarían como componentes funcionales importantes las bipulsiones ética-seriedad o gravedad y el aparato ético.

Las bipulsiones ética-seriedad y gravedad responden agresivamente ante el ataque a los valores de bienestar personal, y retribuyen a quien ayuda a reafirmarlos.

El aparato ético contribuye a los fines del aparato del bienestar personal con el repudio y la disconformidad hacia otros sujetos o grupos, cuyas cualidades negativas (maldad, egoísmo, injusticia) son concebidas como causales del propio malestar, o como obstáculos para las condiciones de bienestar personal. También se encuentra el aparato ético en el agradecimiento y las muestras de estimación y gratitud hacia quien favorece el propio estado de bienestar.


Aparato del bienestar grupal

La bip. espiritual, en su parte referida a los hechos concretos, responde con placer o displacer espirituales ante los sucesos que signifiquen una ayuda u obstáculo, respectivamente, para el bienestar del grupo. En este nivel de hechos concretos, el placer o displacer espirituales, por lo común, tienen lugar simultáneamente con las reacciones de la bip. anticipatoria; o sea, si un hecho anuncia, por ejemplo, algo malo para el O.M.I.F., no sólo provoca un disgusto anticipatorio de lo que vendrá, sino que ese anuncio es en sí mismo algo malo para el O.M.I.F. Por eso, en tales casos el displacer espiritual surge junto a la reacción “habitual” de la bip. anticipatoria.

Las bipulsiones de la bondad y de la generosidad se orientan también hacia la realización de actos concretos que contribuyan al bienestar de los compañeros y del grupo en su conjunto.

La bip. de la responsabilidad social, así como las bipulsiones derivadas de ella, que contienen en su esencia el cumplimiento e incumplimiento del deber, subordinan regularmente su actividad, volcada a los actos concretos, a los fines virtuales del aparato. Entre dichas bipulsiones, se pueden mencionar como fundamentales a las de la abnegación, de la justicia, de la lealtad, y del heroísmo. Los actos de servicio, de justicia, leal, y heroico, se ven habitualmente subordinados a los fines absolutos del aparato (afirmación del bienestar y negación del malestar sociales).

La bip. del rendimiento personal se ajusta con gran regularidad a los fines del aparato. El buen o mal rendimiento dependen naturalmente del grado en que el trabajo personal contribuye al bienestar del grupo.

La bip. de la enseñanza orienta su actividad educadora e instructora, de acuerdo a lo que sea mejor para el bienestar del conjunto.

La bip. racional también participa aquí, por cuanto lo sensato o racional de las ideas, propuestas, proyectos o acciones de los sujetos, dependen también de su adecuación a lo que sea favorable para bienestar común.

El aparato ético está presente cuando se considera que el bienestar grupal o social depende de las cualidades morales de otros sujetos o grupos que lo favorecen u obstaculizan.

Las bipulsiones ética-seriedad y gravedad responden agresivamente ante lo que atenta contra el bienestar del grupo, o retribuyendo a quien contribuye a reafirmarlo.


Aparato de la integración general

Así como la estructura directa de sus valores absolutos consiste en el conjunto de los valores virtuales absolutos de los otros aparatos, del mismo modo, los componentes funcionales que subordinan sus actos concretos a los fines de aquéllos son también abarcados en el funcionamiento de este aparato de aparatos. La afirmación de la felicidad y la negación de la infelicidad son los fines absolutos que organizan y dirigen los lineamientos generales del funcionamiento psíquico y la conducta humanos.

[ Ingresando aquí se puede ver el esquema de la estructura de los aparatos.]


© Autor: Alberto E. Fresina
Título: Las Leyes del Psiquismo
Editorial Fundar
Impreso en Mendoza, Argentina

I.S.B.N. 987-97020-9-3
Registrado el derecho de autor en la Dirección Nacional del Derecho de Autor en el año 1988, y en la Cámara Argentina del Libro en 1999, año de su publicación.
Características del ejemplar: Número de páginas: 426; medidas: 15 x 21 x 2,50 cm.; peso: 550 gs.


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En este espacio se transcribe en forma gratuita el texto completo del libro "Las Leyes del Psiquismo". La modalidad del reintegro por esta entrega es la colaboración voluntaria del lector.
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