Introducción.
Antigüedad del universo.
Evidencia fósil.
Especies extinguidas.
Imperfecciones de diseño.
Vestigios arcaicos.
Estructuras compartidas.
Palabras finales.
Para los científicos, el hecho de que toda la biosfera esté construida a partir de los mismos veinte aminoácidos, y edificada sobre un código genético semejante en todas las especies, es un indicio serio de que la vida que conocemos se originó una sola vez en la historia de la Tierra. Jacques Monod destaca esta unicidad cuando afirma que, de la bacteria al hombre, la maquinaria química, tanto en estructura como en funcionamiento, es esencialmente la misma. Afirmación que viene en apoyo de la teoría de la creación única. Arthur Koestler piensa en forma parecida: “Los mismos modelos homologados de organelas funcionan en las células de los ratones y de los seres humanos; el mismo aparato de trinquete que emplea una proteína contráctil sirve al movimiento de la ameba y al de los dedos del concertista de piano”.
La estructura neuronal aporta una prueba adicional a la unidad de la vida. Pierre Changeux lo expresa así: “Sea a nivel del axón gigante del calamar, del nervio ciático de la rata o de la neurona de la corteza cerebral, la propagación del influjo nervioso se explica por mecanismos elementales muy parecidos, si no idénticos [...] Este plan del encéfalo se conserva a lo largo de la evolución, desde los peces hasta el hombre. Sólo cambian el desarrollo relativo, la complejidad y las relaciones mutuas de cada una de sus partes”.