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7ª ETAPA

Partimos de Samos subiendo unas cuestas para salir del valle. El
pueblo de Sarria está en un alto y lo visitamos por el centro,
sellando la credencial donde el Ayuntamiento. Se sigue hasta arriba
donde el Juzgado y la antigua prisión en ruinas, se baja por el
cementerio, todo muy bien señalizado. Al camino se accede girando a
la izquierda para pasar por un puente,
se va durante un trecho paralelamente a la vía del tren hasta
cruzarla y llegar al mojón 109,5 donde se interna en el bosque,
un bosque precioso, aunque en algunos momentos hay que descabalgarse
de la bici para afrontar algunas cuestas,
con las BTT se puede muy bien circular por él. Desde que se entra en
Galicia, el Camino, aparte de las marcas de color amarillo, cada 500
m. aproximadamente, están colocados unos mojones
que marcan los kilómetros que faltan hasta Santiago, el primero es el
151, situado en Cebreiro y el último, no sé por qué, el 12,5
situado a la altura del aeropuerto de La Bacolla.
Salidos del bosque, se atraviesan preciosos parajes que compensan con
creces el mayor esfuerzo que supone el circular por tramos que aunque
a veces asfaltados en otras ocasiones muy malos para transitar en
bici, pero siempre atravesando pueblos y caseríos, que yendo por la
carretera ni siquiera hubiéramos sospechado su existencia. Es como ir
por el pasillo de una casa echando un vistazo a sus habitaciones.
Uno de estos sitios singulares es Casa
Morgade, situada junto al mojón 99,5 Km. al lado de una fuente,
allí almorzamos unos bocadillos deliciosos en el patio de un caserío
con todo el sabor del tiempo detenido, su horno del pan, el jabón
casero almacenado en una estantería o el caballito de cartón colgado
de una viga para disfrute de los pequeños.
Es importante apuntar que en bici sería imposible el atravesar estos
caminos si el tiempo fuera lluvioso, pues algunos de los tramos se ve
que son rieras donde hay un estrecho pasillo de losas de granito más
elevado para que los peatones no se mojen, reciben el nombre de corredoiras.
Nosotros afortunadamente viajamos con tiempo seco y no tuvimos
problemas en este sentido, aunque en algún punto había agua. También
hay que señalar que el terreno es muy ondulado, con algunas cuestas
muy pronunciadas que hay que bajarlas con mucha precaución, aunque
fastidie mucho tener que frenar, por lo que los promedios se resienten
y es muy difícil que salga mayor de 15 Km. a la hora.
Después de uno de estos peligrosos descensos y atravesar por un
puente muy alto el río Miño, embalsado muchos kilómetros más
abajo, se llega a Portomarín, pueblo que no visitamos pues queda en
un alto y la carretera nos desvía a la izquierda. Ésta se empina
directamente y con algún descanso se sube un mediano puerto, que por
no estar anunciado, por lo menos yo no lo conocía, se hizo más duro.
Casi al final, más suavizada la pendiente, la carretera cruza por
encima de la N-540 Orense-Lugo y hay un pequeño lío para seguir,
pero se hace siguiendo la dirección que traíamos sin meternos en la
citada N-540.
La carretera sigue
subiendo como otros 10 Km. hasta llegar al alto del Rosario, señalado
con un mojón, nada más pasarlo tuve un pinchazo en la bici, siempre
incómodo para arreglar. Seguimos bajando hasta Palas de Rey, donde
aunque un poco tarde comimos.
Hasta Melide, donde acabamos la etapa, fuimos por la carretera. El
pueblo está en un alto y el albergue
en la parte vieja del pueblo. Éste es una gran casa de moderna
construcción, bien acondicionada y con todos los servicios, hasta con
establos que es donde nos guardaban las bicis. Ya teniendo casi a la
vista Santiago, la meta de nuestro viaje.  |
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