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En bici hasta Santiago 8ª ETAPA
8ª Etapa. Recorrido.

8ª Etapa. Mapa.

     Del refugio se sale hacia la izquierda, hay una pronunciada bajada que es mejor hacerla por la carretera que parte del albergue, pues el camino está mal, con mucha piedra suelta, hecha la bajada, se siguen las flechas amarillas y enseguida, en Santa María de Melide, se encuentra el mojón que señala que sólo faltan 50 Km. De nuevo el camino se interna en un bosque muy hermoso con un sencillo puente de grandes losas de granito para salvar el río Barreiro, todo muy bello bajo un techo verde formado por los árboles. Salidos del bosque se sigue el Camino ayudados por las abundantes marcas y por los mojones, con escasa posibilidad de pérdida, atravesando pueblos, caseríos, bordeando prados, debiendo ceder el paso varias veces a las vacas, en su camino al prado o de vuelta a casa, siempre acompañadas por mujeres, en la mayoría de los casos, mayores y cubiertas de ropas negras, imágenes y paisajes que nos hubiéramos perdido de haber ido por la carretera y que yo sólo conocía, por referencias de algunas películas. El recorrido es un sube y baja, más sube que baja. 
     Se llega a Arzúa, un pueblo ya grande, de unos siete mil habitantes, pero con vacas por las calles. Seguimos por el Camino admirados ahora por los enormes eucaliptos que flanquean el recorrido en algunos tramos, en otros, túneles entre los árboles facilitan nuestro paso. Vamos cada vez más animados porque la distancia es menor y la meta se encuentra más cercana. Nos acercamos al aeropuerto que adivinamos entre los árboles, pues no se ve, por el rugido de los motores de un avión listo para despegar. 
     Donde el aeropuerto, los mojones que cada 500 m. nos iban indicando lo que faltaba hasta Santiago desaparecen, el último que vimos fue el que marcaba 12,5 km, aunque sí se mantienen las marcas amarillas que nos llevan por toboganes en los que se sube más de lo que se baja, y que sin la información de los mojones, el Camino se nos hace interminable, en cada curva creemos que ahí está el monte del Gozo, en cada repecho lo mismo, pero éste no aparece. Hemos de pasar cerca de las instalaciones de la televisión gallega y de TVE y aún nos quedará otra pequeña subida para después de una cuesta ver enfrente una pequeña ermita y a nuestra izquierda en un alto un gran y feo monumento levantado en recuerdo de la visita de Juan Pablo II en 1993, al lado un grupo de peregrinos escoceses cantando lo que parecía un himno de acción de gracias y de alegría por haber llegado hasta allí. 
     A nosotros el cansancio del último tramo hizo que nos derrumbáramos en la hierba mirando el cielo nuboso y personalmente sintiendo ese gozo que da nombre al monte, y que seguro que han sentido los miles de peregrinos que desde la edad media han sido, al darme cuenta del largo camino realizado y lo cerca que estamos de la meta, sintiendo que ya nada impedirá el que la consigamos. 
     Los británicos del himno nos invitaron a comer de lo que les había sobrado y nos comentaron que habían hecho el camino, con el apoyo de una camioneta y una agencia de viajes alternativos, en quince días. Después de comer y hacernos unas fotos, nos dispusimos a bajar pues pese a que se dice que de allí se ven las torres de la catedral no es cierto, las ocultan unos árboles, se deben ver ya bajando, pero nosotros no las vimos pues estaba la tarde un poco brumosa. Llegando ya a la carretera general de entrada a Santiago vuelvo a pinchar, el segundo y último pinchazo del viaje, reparamos enseguida y entramos en Santiago, aunque nos despistamos y no lo hicimos por la puerta del Camino que es por donde tradicionalmente lo hacen los peregrinos, donde antiguamente se lavaban y cambiaban de ropa en una fuente que hay aledaña. 
     Aunque, como digo, nos perdimos, no fue difícil encontrar la plaza del Obradoiro. Seguidamente fuimos a la casa del Deán, al lado de la catedral en la plaza de las Platerías, para recibir la Compostela, el documento que certifica que has hecho la peregrinación, es necesario acreditar que se han hecho los últimos cien kilómetros a pie o doscientos en bici o a caballo, para lo que se presenta la Credencial de Peregrino debidamente sellada, por lo menos de los sitios en que se ha pasado la noche. 
     La Compostela es también necesaria para poder disfrutar de una de las ofertas más interesantes que se ofrecen a los peregrinos, consiste en poder regresar desde Santiago a varias ciudades, tanto españolas como europeas, en vuelo regular de Iberia por un precio muy rebajado, a nosotros el billete hasta Bilbao nos costó 9000 pts. a cada uno, además la bici la cargan tal cual en el avión, con las mochilas montadas y todo, sólo hay que deshinchar un poco las ruedas, con lo que se facilita mucho la vuelta tanto en tiempo como en dinero. 
     Como íbamos a pasar dos días en Santiago, en vez del albergue, buscamos una pensión y la encontramos en Hospedaje Fonseca, al lado de la catedral donde también nos guardaban las bicis. Después de aseados y mudados fuimos a ver la catedral donde cumplimos con todos los ritos, visitamos la cripta donde está la urna con los restos de Santiago Apóstol, subimos a tocar al Santo y hundimos nuestras manos en las hendiduras abiertas por millones de manos en la columna del Santo en el Pórtico de la Gloria. Al día siguiente fuimos unos momentos a ver la misa que en honor de los peregrinos se celebra todos los días al mediodía. Y visitamos la ciudad, muy bonita, muy limpia y bien conservada, con la Compostela se tiene acceso a todos los museos gratuitamente y lo aprovechamos, visitando con detalle el de la catedral que permite ver, entre otras cosas interesantes, la cripta que está debajo del Pórtico de la Gloria de estilo románico y una colección de reproducciones de los instrumentos musicales representados en el Pórtico. 
     Para comer no puedo dejar de mencionar Casa Manolo, en la rúa Traviesa 27, un pequeño local en el casco viejo, maravilla de la coordinación para en un salón, donde se amontonan 16 mesas de 4 comensales, dan de comer a más de cien personas en un tiempo récord, y lo que es raro, sin sentirte agobiado ni apresurado por dejar el sitio libre cuanto antes, bueno pues por 750 pts. el menú, puedes elegir entre más de una docena de primeros platos y otros tantos de segundo, más postre y pan, y lo más asombroso de todo, las cantidades enormes de que consta cada plato, y lo bien elaborados y sabrosos que estaba toda la comida, si a eso le sumas el trato y conversación agradables del “maitre” Luis Mª y su orujo casero, te queda un gratísimo recuerdo del establecimiento. 
     El sábado 20 cuando ya nos íbamos a ir a cenar para acostarnos pronto, pues teníamos que madrugar, ya que el avión salía a las 9,30 y debíamos ir en las bicis hasta el aeropuerto, decidimos visitar por última vez la catedral y despedirnos del Santo. Esta extraña intuición que hizo que entráramos a la catedral nos permitió ver volar el Botafumeiro, pues lo sacaron en honor de unos novios que celebraban su boda en ese momento en el altar mayor. Según nos dijeron tuvimos suerte, pues sólo lo sacan en actos oficiales y en muy pocas bodas, las llamadas de postín. Impresiona de verdad lo alto que lo suben y la velocidad que alcanza en su vuelo. 
La ciudad me pareció muy bonita y acogedora. Da mucho gusto pasear por sus callejas y soportales, o tomar un café en la plaza de la Quintana observando las piedras catedralicias. Estos días no llovió y quizá esta ciudad luzca mejor con el brillo que al granito aporta el agua, pero no nos quejamos, la lluvia nos hubiera supuesto muchas incomodidades. Se ve que están acostumbrados a recibir a foráneos y peregrinos, los palacios, iglesias y edificios universitarios dan muestras de su pasado esplendor y los autobuses y riadas de turistas nos indican la vigencia y la atracción que todavía el Apóstol ejerce en nuestros días, eso sí convenientemente ayudado por las modernas técnicas de la propaganda turística. 
     Quiero terminar aquí estos recuerdos del viaje, que no pretenden otra cosa que fijar por escrito unas impresiones particulares de un viaje singular, pues la memoria, por lo menos la mía, es frágil y traicionera, y si además sirven de ayuda y guía para alguna otra persona que se anime a realizar un viaje siempre recomendable, pues todos encantados. 

Míchel Castillo