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Del refugio se sale hacia la izquierda, hay una pronunciada
bajada que es mejor hacerla por la carretera que parte del
albergue, pues el camino está mal, con mucha piedra suelta,
hecha la bajada, se siguen las flechas amarillas y
enseguida, en Santa María de Melide, se encuentra el mojón
que señala que sólo faltan
50 Km. De nuevo el camino se interna en un bosque muy
hermoso con un sencillo puente
de grandes losas de granito para salvar el río Barreiro,
todo muy bello bajo un techo verde formado por los árboles.
Salidos del bosque se sigue el Camino ayudados por las
abundantes marcas y por los mojones, con escasa posibilidad
de pérdida, atravesando pueblos, caseríos, bordeando
prados, debiendo ceder el paso varias veces a las vacas, en
su camino al prado o de vuelta a casa, siempre acompañadas
por mujeres, en la mayoría de los casos, mayores y
cubiertas de ropas negras, imágenes y paisajes que nos hubiéramos
perdido de haber ido por la carretera y que yo sólo conocía,
por referencias de algunas películas. El recorrido es un sube
y baja, más sube que baja.
Se llega a Arzúa, un pueblo ya grande, de unos siete mil
habitantes, pero con vacas por las calles. Seguimos por el
Camino admirados ahora por los enormes eucaliptos que
flanquean el recorrido en algunos tramos, en otros, túneles
entre los árboles facilitan nuestro paso. Vamos cada vez más
animados porque la distancia es menor y la
meta se encuentra más cercana. Nos acercamos al
aeropuerto que adivinamos entre los árboles, pues no se ve,
por el rugido de los motores de un avión listo para
despegar.
Donde el aeropuerto, los mojones que cada 500 m. nos iban
indicando lo que faltaba hasta Santiago desaparecen, el último
que vimos fue el que marcaba 12,5 km, aunque sí se
mantienen las marcas amarillas que nos llevan por toboganes
en los que se sube más de lo que se baja, y que sin la
información de los mojones, el Camino se nos hace
interminable, en cada curva creemos que ahí está el monte
del Gozo, en cada repecho lo mismo, pero éste no aparece.
Hemos de pasar cerca de las instalaciones de la televisión
gallega y de TVE y aún nos quedará otra pequeña subida
para después de una cuesta ver enfrente una pequeña ermita
y a nuestra izquierda en un alto un gran y feo monumento
levantado en recuerdo de la visita de Juan Pablo II en 1993,
al lado un grupo de peregrinos escoceses cantando lo que
parecía un himno de acción de gracias y de alegría por
haber llegado hasta allí.
A nosotros el cansancio del último tramo hizo que nos
derrumbáramos en la hierba mirando el cielo nuboso y
personalmente sintiendo ese gozo que da nombre al monte, y
que seguro que han sentido los miles de peregrinos que desde
la edad media han sido, al darme cuenta del largo camino
realizado y lo cerca que estamos de la meta, sintiendo que
ya nada impedirá el que la consigamos.
Los británicos del himno nos invitaron a comer de lo que
les había sobrado y nos comentaron que habían hecho el
camino, con el apoyo de una camioneta y una agencia de
viajes alternativos, en quince días. Después de comer y
hacernos unas fotos, nos dispusimos a bajar pues pese a que
se dice que de allí se ven las torres de la catedral no es
cierto, las ocultan unos árboles, se deben ver ya bajando,
pero nosotros no las vimos pues estaba la tarde un poco
brumosa. Llegando ya a la carretera general de entrada a
Santiago vuelvo a pinchar, el segundo y último pinchazo del
viaje, reparamos enseguida y entramos en Santiago, aunque
nos despistamos y no lo hicimos por la puerta del Camino que
es por donde tradicionalmente lo hacen los peregrinos, donde
antiguamente se lavaban y cambiaban de ropa en una fuente
que hay aledaña.
Aunque, como digo, nos perdimos, no fue difícil encontrar
la plaza
del Obradoiro. Seguidamente fuimos a la casa del Deán,
al lado de la catedral en la plaza de las Platerías, para
recibir la
Compostela, el documento que certifica que has hecho la
peregrinación, es necesario acreditar que se han hecho los
últimos cien kilómetros a pie o doscientos en bici o a
caballo, para lo que se presenta la Credencial
de Peregrino debidamente sellada, por lo menos de los
sitios en que se ha pasado la noche.
La Compostela es también necesaria para poder disfrutar de
una de las ofertas más interesantes que se ofrecen a los
peregrinos, consiste en poder regresar desde Santiago a
varias ciudades, tanto españolas como europeas, en vuelo
regular de Iberia por un precio muy rebajado, a nosotros el
billete hasta Bilbao nos costó 9000 pts. a cada uno, además
la bici la cargan tal cual en el avión, con las mochilas
montadas y todo, sólo hay que deshinchar un poco las
ruedas, con lo que se facilita mucho la vuelta tanto en
tiempo como en dinero.
Como íbamos a pasar dos días en Santiago, en vez del
albergue, buscamos una pensión y la encontramos en
Hospedaje Fonseca, al lado de la catedral donde también nos
guardaban las bicis. Después de aseados y mudados fuimos a
ver la catedral donde cumplimos con todos los ritos,
visitamos la cripta donde está la urna con los restos de
Santiago Apóstol, subimos a tocar al Santo y hundimos
nuestras manos en las hendiduras abiertas por millones de
manos en la columna del Santo en el Pórtico de la Gloria.
Al día siguiente fuimos unos momentos a ver la misa que en
honor de los peregrinos se celebra todos los días al mediodía.
Y visitamos
la ciudad,
muy bonita, muy limpia y bien conservada, con la Compostela
se tiene acceso a todos los museos gratuitamente y lo
aprovechamos, visitando con detalle el de la catedral que
permite ver, entre otras cosas interesantes, la cripta que
está debajo del Pórtico de la Gloria de estilo románico y
una colección de reproducciones de los instrumentos
musicales representados en el Pórtico.
Para comer no puedo dejar de mencionar Casa Manolo, en la rúa
Traviesa 27, un pequeño local en el casco viejo, maravilla
de la coordinación para en un salón, donde se amontonan 16
mesas de 4 comensales, dan de comer a más de cien personas
en un tiempo récord, y lo que es raro, sin sentirte
agobiado ni apresurado por dejar el sitio libre cuanto
antes, bueno pues por 750 pts. el menú, puedes elegir entre
más de una docena de primeros platos y otros tantos de
segundo, más postre y pan, y lo más asombroso de todo, las
cantidades enormes de que consta cada plato, y lo bien
elaborados y sabrosos que estaba toda la comida, si a eso le
sumas el trato y conversación agradables del “maitre”
Luis Mª y su orujo casero, te queda un gratísimo recuerdo
del establecimiento.
El sábado 20 cuando ya nos íbamos a ir a cenar para
acostarnos pronto, pues teníamos que madrugar, ya que el
avión salía a las 9,30 y debíamos ir en las bicis hasta
el aeropuerto, decidimos visitar por última vez la catedral
y despedirnos del Santo. Esta extraña intuición que hizo
que entráramos a la catedral nos permitió ver volar el
Botafumeiro, pues lo sacaron en honor de unos novios que
celebraban su boda en ese momento en el altar mayor. Según
nos dijeron tuvimos suerte, pues sólo lo sacan en actos
oficiales y en muy pocas bodas, las llamadas de postín.
Impresiona de verdad lo alto que lo suben y la velocidad que
alcanza en su vuelo.
La ciudad me
pareció muy bonita y acogedora. Da mucho gusto pasear por
sus callejas y soportales, o tomar un café en la plaza de
la Quintana observando las piedras catedralicias. Estos días
no llovió y quizá esta ciudad luzca mejor con el brillo
que al granito aporta el agua, pero no nos quejamos, la
lluvia nos hubiera supuesto muchas incomodidades. Se ve que
están acostumbrados a recibir a foráneos y peregrinos, los
palacios, iglesias
y edificios universitarios dan muestras de su pasado
esplendor y los autobuses y riadas de turistas nos indican
la vigencia y la atracción que todavía el Apóstol ejerce
en nuestros días, eso sí convenientemente ayudado por las
modernas técnicas de la propaganda turística.
Quiero terminar aquí estos recuerdos del viaje, que no
pretenden otra cosa que fijar por escrito unas impresiones
particulares de un viaje singular, pues la memoria, por lo
menos la mía, es frágil y traicionera, y si además sirven
de ayuda y guía para alguna otra persona que se anime a
realizar un viaje siempre recomendable, pues todos
encantados. 
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