Manías
La semana pasada, cuando hacía el habitual trayecto en micro, iba yo leyendo
Noches Blancas de Dostoievski. Cuando iba como en la mitad del libro me descubrí creyéndome
el cuento, creyendo que era a mí a quien en realidad le pasaban las cosas.
Empecé a revisar mi historial de lecturas y confirmé que con cada
libro que leo mi personalidad se adapta a él, mimetizándose con
la de algún personaje. He llegado ridículamente a confundir mi
vida “real” con mi otra vida, la falsa.
Recuerdo que en mi infancia -¡tan linda que es la infancia!- me creía
Mampato (created by Themo Lobos). Yo andaba en busca de aventuras por el tiempo
y el espacio. En más de una oportunidad le saqué a escondidas los
cinturones ochenteros a mi mamá, esperando encontrar entre ellos al único,
al verdadero y fabuloso Cinto Espacio-Temporal, y así poder viajar sin
limitaciones. Que yo recuerde, no encontré nada más que viejas
tiras de cuero desteñido con olor a naftalina y a boca trasnochada de
René.
Cuando fui un poco más grande, empecé a leer a Mafalda y noté en
mi personalidad un lado mafaldístico y un opuesto susaniático.
En la actualidad aprendí a convivir con los dos. Luego vinieron los cuentos,
los ensayos y las novelas, donde soñé con ese amor perfecto (todavía
sueño), pasé temporadas enteras con una valentía que se
me salía por los poros y andaba triste porque a equis personaje le
pasaba algo horroroso.
Hace algún tiempo leí Sobre Héroes y Tumbas y todavía
no puedo superar esos escalofríos que me suben por la espalda cada vez
que veo a algún ciego vagando por ahí con esos ojos vidriosamente
líquidos o pidiendo limosnas afuera del metro o qué sé yo.
Cuando hace una semana descubrí esta manía inconsciente que he
arrastrado conmigo toda la vida, me sentí idiota. Pensé “no
puedes dejar que la fantasía te absorba tanto”. Pero lo he pensado
mejor y creo que ahora no concibo un mundo, una vida entera sin fantasías,
sin sueños, sin imaginación.
He decidido que a los libros ahora les voy a sumar las películas, a ver
qué pasa.