Diez años antes / No pude saber su nombre / La luz entra por las ventanas cerradas / Una palabra / Último día / Calles y micros I / Día antes del día 28 / Pequeñitas palabritas / Temor / Desaparecidos / Urgente silencio / Ahora / Ya casi no quedan cielos nublados / Me quedé dormido

Don Ernesto  

Apareció ahí Don Ernesto

aurora eterna del amanecer del oprimido

cimiento universal tierra y montaña

apareció cantando entre las hojas complicadas

que el hombre es tan igual entre sí mismo

como el arroyo lo es del río

apareció justo antes de la bala en su pecho

justo antes de las garras despiadadas en su espalda

justo antes de que el aire fuera una roca en su garganta

apareció usted Don Ernesto

con la luna entre sus ramas de doble centenario, sí,

y lo encontré dejando con vida al enemigo desvalido

con la justicia siempre entre sus dientes

con el corazón dispuesto a desangrarse

por el parpadeo libre de los ojos de un amigo

Don Ernesto.

 

Y sólo quería decirle que alcancé un poquito

de su brillo verdadero,

de su mirar pasivo, de su andar derecho Don Ernesto,

sí, yo vi que su andar fue siempre al frente

y que sus manos nunca fueron inherentes

y que su abrazo como abraza el viento a un gorrión

 

en vuelo

a ese hombre flaco o al otro más pequeño.

 

Sí Don Ernesto

yo vi su muerte tan de cerca

que unas gotitas de sangre mojaron

mis pupilas y

mis cielos y

mis mares solitarios y

mi voz llena de grietas

y al igual que aquél que perforó

sus piernas, y sus hombros y su corazón

y su silencio

le vi más gigante de lo que ya fue

y escuché también su voz

cuando pidió que le apuntaran bien

y vi como usted Don Ernesto, profesor de las estrellas

calló de muerte en la sala de una escuela

y con usted también algo de mi calló bajo esos pupitres

viejos

y cortaron también parte de mis manos

y de mis pies y de mi cabeza

y me escupieron también, y también me golpearon

Don Ernesto.

y lo multiplicaron Don Ernesto

y creció tanto como la lluvia de mi sur

como el sol que le dio vida

como el torrente inquieto que baja cada día.

 

Y su sangre se derramó por toda

América

desde la voz quieta allá en la altura andina

entre la paz perpetua del amazonas bello

o allá en la isla solitaria de verdades duraderas

y sus ojos volaron al mar que tanto amaba

y volaron también a la Bolivia que tanto quizo libre

y que al final se transformó en la patria de su muerte

Don Ernesto.

 

Y aprendí de usted Don Ernesto

a botar este muro grueso

a botar esta historia tan repetitiva

a botar el hambre del que no puede crecer.

 

Yo lo vi a usted Don Ernesto

perpetuo ahí en un árbol

lo vi sencillo y vivo

con su morral y sus sandalias viejas

sí, yo lo vi, Don Ernesto

y esa, amigo mío,

fue la única vez que he visto el viento.

 

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tempera35@hotmail.com