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Don Ernesto Apareció ahí Don Ernesto aurora eterna del amanecer del oprimido cimiento universal tierra y montaña apareció cantando entre las hojas complicadas que el hombre es tan igual entre sí mismo como el arroyo lo es del río apareció justo antes de la bala en su pecho justo antes de las garras despiadadas en su espalda justo antes de que el aire fuera una roca en su garganta apareció usted Don Ernesto con la luna entre sus ramas de doble centenario, sí, y lo encontré dejando con vida al enemigo desvalido con la justicia siempre entre sus dientes con el corazón dispuesto a desangrarse por el parpadeo libre de los ojos de un amigo Don Ernesto.
Y sólo quería decirle que alcancé un poquito de su brillo verdadero, de su mirar pasivo, de su andar derecho Don Ernesto, sí, yo vi que su andar fue siempre al frente y que sus manos nunca fueron inherentes y que su abrazo como abraza el viento a un gorrión
en vuelo a ese hombre flaco o al otro más pequeño.
Sí Don Ernesto yo vi su muerte tan de cerca que unas gotitas de sangre mojaron mis pupilas y mis cielos y mis mares solitarios y mi voz llena de grietas y al igual que aquél que perforó sus piernas, y sus hombros y su corazón y su silencio le vi más gigante de lo que ya fue y escuché también su voz cuando pidió que le apuntaran bien y vi como usted Don Ernesto, profesor de las estrellas calló de muerte en la sala de una escuela y con usted también algo de mi calló bajo esos pupitres viejos y cortaron también parte de mis manos y de mis pies y de mi cabeza y me escupieron también, y también me golpearon Don Ernesto. y lo multiplicaron Don Ernesto y creció tanto como la lluvia de mi sur como el sol que le dio vida como el torrente inquieto que baja cada día.
Y su sangre se derramó por toda América desde la voz quieta allá en la altura andina entre la paz perpetua del amazonas bello o allá en la isla solitaria de verdades duraderas y sus ojos volaron al mar que tanto amaba y volaron también a la Bolivia que tanto quizo libre y que al final se transformó en la patria de su muerte Don Ernesto.
Y aprendí de usted Don Ernesto a botar este muro grueso a botar esta historia tan repetitiva a botar el hambre del que no puede crecer.
Yo lo vi a usted Don Ernesto perpetuo ahí en un árbol lo vi sencillo y vivo con su morral y sus sandalias viejas sí, yo lo vi, Don Ernesto y esa, amigo mío, fue la única vez que he visto el viento.
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Diez años antes / No pude saber su nombre / La luz entra por las ventanas cerradas / Una palabra / Último día / Calles y micros I / Día antes del día 28 / Pequeñitas palabritas / Temor / Desaparecidos / Urgente silencio / Ahora / Ya casi no quedan cielos nublados / Me quedé dormido