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Historia de los Imperios: Antiguos y Modernos: Paste
China Estado de Asia centro-oriental; 9.536.499 km2 , 1.165.700.000
hab. Cap. Pekín. Limita al E con Corea del N; al N con Mongolia y
Rusia; al O con Kazajstán, Kirguizistán, Afganistán y Pakistán; y al
S con la India, Nepal, Bhután, Birmania, Laos y Vietnam.
GEOGR. Geografía Física. China es el tercer país del mundo en
extensión, sólo superado por Rusia y Canadá. Una línea que se
extiende en dirección SO-NE, desde las mesetas del Yunnan hasta los
montes del Gran Xingan, divide este inmenso país en dos grandes zonas
bien diferenciadas. La China occidental comprende una sucesión de
elevadas mesetas y cuencas rodeadas por imponentes cordilleras
montañosas. La meseta del Tibet -la más elevada del mundo- está
integrada por altas montañas (3.000-4.000 m), dominadas por las
cordilleras del Karakoram (O), los Kunlun (N) y el Himalaya (S), que
están separadas por valles y depresiones lacustres. El Himalaya es la
cordillera que alcanza la mayor altitud, puesto que comprende el
Everest (8.846 m), la cima más alta del mundo, situada junto a la
frontera con Nepal. Hacia el E, el bloque tibetano es surcado por los
grandes ríos del Sureste asiático (Brahmaputra, Irawadi, Saluén,
Mekong), así como por el curso alto del Yangzi Jiang. Al NO de la
meseta del Tibet, la cordillera de los Kunlun (6.000 m) separa
aquélla de la cubeta del Tarim (Xinjiang), en cuyo sector central se
halla el desierto de Takla-Makan, uno de los más áridos del mundo;
los Tian Shan (7.000 m) se levantan al N de la cuenca del Tarim y la
separan de la depresión desértica de Dzhungaria, que se extiende, en
su sector septentrional, hasta el pie de monte de los Altai. Al NE
del Tibet, los Kunlun también dominan, en su vertiente N, amplias
cuencas (Tsaidam y Qinghai), las cuales están separadas, al N, del
macizo desértico de Alashan por la cordillera de los Nan Shan. Y en
el extremo NE de esta línea diagonal se elevan los montes del Gran
Xingan, entre el desierto de Gobi -que se extiende hacia Mongolia y
es el segundo de Asia en extensión, por detrás del Arábigo-, al O, y
la llanura de China del Nordeste, al E. La China oriental comprende,
por su parte, un conjunto de llanuras y colinas que descienden de O a
E, de forma escalonada, hacia el Pacífico. Entre los escalones
occidental (compuesto de N a S por el Gran Xingan, las mesetas del
Shaanxi, Sichuan y Yunnan) y oriental (Pequeño Xingan, montes del
Liaodong y del Shandong, Dabie Shan y Nan Ling), se extiende la
depresión central, que comprende, al N, la llanura de Manchuria y más
al S, los valles de los grandes ríos chinos que desembocan en el
océano Pacífico: el Huang He (4.845 km), por el mar Amarillo; el
Yangzi Jiang (el más largo de Asia, con 5.980 km), por el mar de la
China Oriental; y el Xi Jiang (2.000 km), por el mar de la China
Meridional. El último gran curso fluvial del país, el Amur (4.400
km), discurre al N del Pequeño Xingan, traza la frontera con Rusia y
desemboca en el mar de Ojotsk. Por otro lado, el contraste climático
entre la China occidental y la oriental es muy notable. La primera,
resguardada por el Himalaya de los monzones del E y el S, se
caracteriza por un clima extremadamente árido, con marcados
contrastes térmicos y escasísimas precipitaciones (por ejemplo, la
fosa de Turfan, en Xinjiang, recibe sólo 100 mm de lluvias al año).
La China oriental, por el contrario, recibe las influencias marítimas
desde el E (océano Pacífico), lo cual le evita la aridez: al N
predomina el clima continental -veranos húmedos e inviernos fríos-,
mientras que el resto del territorio está bajo la influencia de los
monzones, con un clima más húmedo y cálido cuanto más hacia el Sur.
Geografía humana. Con más de 1.100 millones de habitantes, China es
el país más poblado del mundo. Más del 90 % de este contingente
humano es de etnia han (o china propiamente dicha), mientras que el
resto -unos 55 grupos étnicos, como tibetanos o uigures, por ejemplo-
se reparten por diversas áreas del occidente del país. El ritmo de
crecimiento demográfico ha descendido significativamente en las
últimas décadas (2,4 % de media anual entre 1965 y 1975; 1,9 % entre
1987 y 1992), como resultado de una sensible reducción en las tasas
de fecundidad (del 5,4 ô al 2,4 ô en los mismos períodos) y natalidad
(del 37 ô en 1953 al 18,2 ô en 1992), motivada en gran parte por la
política de control demográfico llevada a cabo desde el estado, a
través del fomento del matrimonio tardío, el hijo único o la
residencia distinta de los cónyuges. Debido a su enorme extensión,
no puede considerarse que China sea globalmente un estado superpoblado
, pues registra una densidad media de 118,5 hab./km2. Sin embargo, el
90 % de su población total se concentra en una sexta parte del
territorio tan sólo, lo cual ha motivado desequilibrios demográficos
y económicos. Las densidades más altas se registran en la mayor parte
de las provincias situadas al E del meridiano 90, como Tianjin (777
hab./km2), Jiangsu (670), Pekín (644), Shandong (550), Henan (512),
Zhejiang (414) o Anhui (401), con unos valores que contrastan
enormemente con los de otras provincias que comprenden grandes
regiones inhóspitas, como es el caso del Tibet, en el Himalaya (2
hab./km2), de Xinjiang, que integra las zonas áridas de Dzhungaria y
Takla-Maka, con 9 hab./km2, o de la Mongolia Interior, que engloba un
sector del desierto de Gobi y del Gran Xingan (18 hab./km2). El
extraordinario volumen demográfico de este país plantea una paradoja
significativa: China, un Estado cuya población urbana no representa,
en términos relativos, más que un 26,4 % del total nacional (es
decir, un valor discreto), aglutina, en cambio, la mayor población
urbana del mundo en términos absolutos, con más de 300 millones de
habitantes (es decir, mucho más que la población total de EE UU,
Rusia o Japón). En este sentido, desempeñan un papel destacado las
grandes aglomeraciones urbanas de Pekín (10,8 millones de hab.),
Tianjin (8,8) y Shenyang (4,3) al NE; Shanghai (13,3) en el sector
central del litoral pacífico; Wuhan (3,5) en el centro-SE, o Cantón
(3,3), al SE del país, sin olvidar el gran peso que tiene la red de
ciudades intermedias (más de 250 urbes superan con holgura los
100.000 hab.).Geografía económica. China, que ocupaba en 1992 el
noveno lugar mundial por el volumen de su PNB, con unos 442.346
millones de dólares, es un país con una potencialidad de desarrollo
económico de tal magnitud que pasa por ser una de las posibles
primeras potencias del s. XXI. La actividad agrícola ocupa al 66 % de
la población activa china y representa algo más del 30 % en la
estructura del PIB. A raíz del triunfo de la Revolución china (1949),
la producción del agro experimentó un gran desarrollo, debido, en
gran parte, a la mejora de las técnicas tradicionales, dentro de un
nuevo marco de estructura productiva: primero, la cooperativa y,
desde 1958, las comunas populares. Además, la regulación mediante
presas de cursos fluviales como el Huang He y el Yangzi Jiang ha
permitido controlar su caudal, limitar la incidencia de las temidas
inundaciones y desarrollar la irrigación, lo cual ha significado un
extraordinario aumento de la superficie cultivada. Hoy, el peso
específico de China en el ámbito económico de los productos agrarios
es muy importante. Es el primer productor mundial de cereales (poco
menos de 400 millones de t en 1992: alrededor del 20 % del total
mundial), entre los que destacan el arroz (35 % mundial aprox.), el
maíz y el trigo (ambos con el 15 %), cuyo cultivo se localiza en la
Cuenca Roja del Sichuan (arroz), en el bajo valle del Yangzi Jiang
(arroz y trigo) o en el O de la Llanura del Nordeste (maíz). Primer
productor mundial de algodón (con 56.630.000 q en fibras) y tabaco
(con 31.210.000 q en hojas), China ocupa también uno de los primeros
lugares del mundo en las producciones de mijo, sorgo y kaoliang, soja
, cacahuetes, té, sésamo, yute, lino, azúcar, patatas y cítricos,
cultivados en la Llanura del NE o en la China meridional marítima. En
la cabaña ganadera, destacan los ovinos y caprinos (en total 206
millones de cabezas), junto con los porcinos (1.º del mundo con 379
millones de cabezas), y las aves de corral. Por otro lado, el subsuelo
chino atesora una gran riqueza en minerales e hidrocarburos que,
completada con la energía derivada del aprovechamiento de su red
hidrográfica, constituye una sólida base para la industria nacional.
La localización de las fuentes de energía se distribuye en tres
grandes ámbitos: las regiones Norte y Noreste son ricas, sobre todo,
en carbón -mineral del que China es el primer productor mundial con
más de 1.000 millones de t anuales- que se extrae en Shanxi y Shaanxi
(Datong, Yangquan) y en el NE (Fuxin, Hebei, Anhui); en las regiones
Sur, Sureste y Centro se concentra el 70 % de la potencia
hidroeléctrica instalada del país (sobre todo, gracias al Yangzi
Jiang); por último, a lo largo del sector septentrional del país
(desde Xinjiang, al NO, hasta Heilongjiang, al NE) se localizan los
yacimientos petrolíferos más importantes: depresión de Turfan
(Xinjiang), cuenca del Tsaidam (Qinghai) y Yumen (Gansu) y, sobre
todo, Daqing (Heilongjiang). Quinto productor mundial de petróleo
crudo (138 millones de t), la producción china de gas natural es
también notable (Sichuan), a lo cual cabe añadir una destacadísima
producción de hierro (tras la desmembración de la URSS, es el segundo
productor mundial, después de Brasil, con 60 Mt) en Anshan
(Liaoning), Baiyunebo (Mongolia Interior), etc. Entre los metales no
ferrosos, China dispone de los yacimientos más ricos del mundo de
volframio (Daya, en el Jiangxi), antimonio (Hunan) y manganeso
(Guangdong y Hunan); además, en la industria extractiva destaca la
obtención de estaño, cobre, cinc, plomo, tungsteno y cinabrio,
minerales todos ellos en los que el país figura entre los primeros
productores del mundo. La industria china -todavía alejada de la de
su gran rival asiático, el Japón- ha conocido en apenas cuatro
décadas un impulso espectacular, basado en esta abundancia de
recursos naturales y humanos: en la actualidad ocupa a un 22,6 % de
la población activa, supone el 46,1 % del PIB y su gran desarrollo se
refleja en su posición de vanguardia en producciones industriales
como la de cemento (primer productor del mundo con 360 Mt), el ácido
sulfúrico (el segundo, con 13 Mt) o el acero (el cuarto, con 88,6
Mt). Desde el primer plan quinquenal (1953-1957), los esfuerzos
prioritarios se enfocaron hacia la organización de una potente
industria pesada que todavía conserva su preeminencia. La siderurgia
es la rama principal, con centros destacados en Manchuria (el
complejo de Anshan es uno de los mayores del mundo), China
septentrional (Baotou) y China central (Shanghai, Chongqing). La
industria mecánica es el segundo sector manufacturero del país, con
destacadas producciones de material de transporte y ferroviario,
maquinaria agrícola (Shanghai, Tianjin, Harbin, Wuhan y, sobre todo,
Changchun). La industria química, favorecida por la abundancia de
sales, fosfatos y azufre, tiene también gran notoriedad (Shanghai,
Shengyang, Chongqing, Jilin, Pekín). En el campo de la industria de
consumo destaca especialmente la textil (algodón, lana, seda),
asentada tanto en la tradición artesana como en las grandes fábricas
modernas (Xi'an, Shanghai, Pekín, Lanzhou). El comercio exterior
chino, monopolizado por el Estado, empezó a desarrollarse
aceleradamente en 1977, con el fin de cubrir una serie de necesidades
internas (adquisición de productos químicos, siderúrgicos y
energéticos, así como de material de transporte), imprescindibles
para completar la industrialización; estas compras fueron
compensadas, paralelamente, con un aumento sensible en las
exportaciones de carbón y petróleo, además de algunos productos
elaborados. Entre los puertos marítimos del país, cabe mencionar los
de Shanghai, Tianjin, Huangpu y Dalian. Japón es su principal
proveedor (17,3 % de las importaciones) y cliente (15,8 % de las
exportaciones), seguido de la UE y de EE UU. La balanza comercial
china arrojaba en 1992 un balance positivo: exportaciones por valor
de 80.517 millones de dólares, frente a 76.354 millones de dólares en
concepto de importaciones.
HIST. Prehistoria. El territorio de China estuvo habitado desde
tiempos muy remotos. El Sinanthropus pekinensis (hombre de Pekín),
cuyo primer resto fue hallado en la cueva de Zhoukoudian en 1920, es
uno de los homínidos más antiguos de los que se tiene constancia,
pues vivió hace 500.000 años aproximadamente. El posterior hallazgo
de otros yacimientos arqueológicos (como el hombre de Mapa, en la
provincia de Guangdong) ha permitido estudiar una serie de
sinántropos y sus culturas paleolíticas respectivas. El neolítico,
que penetró en China hacia el IV milenio a.J.C., presenta sus
primeras manifestaciones culturales al N del país y, especialmente,
en la cuenca media del Huang He (culturas «de Yangshao» o de la
alfarería roja, y «de Longshan» o de la alfarería negra). Según la
tradición, los primeros soberanos fueron Yao, Shun y Yu, este último
fundador de la dinastía de los Xia, a finales del III milenio a.J.C.
A esta civilización, de marcado carácter agrícola y patriarcal, se le
atribuye la formación del primer estado chino, que tuvo su capital en
Anyi y que abarcó una parte de las actuales provincias de Shanxi y de
Henan.De los Shang a los Han. Con la dinastía Shang (c. 1770-c. 1050
a.J.C.), que tuvo su centro en la región del actual Anyang (Henan),
el pueblo chino entró en la historia. Esta etapa representa la Edad
del Bronce china, en el transcurso de la cual surgió la escritura
ideográfica (c. 1100 a.J.C.) junto a una serie de cultos religiosos.
La dinastía Zhou (c. 1050-c. 221 a.J.C.) fue fundada por el rey Wu
Wang, caudillo del principado de Zhou, establecido en el valle del
Wei y con capital en Sian. En una primera fase (la de los Xi Zhou o
Zhou del Oeste), la sociedad china quedó organizada según esquemas
feudales, bajo la autoridad del rey (o wang). Pero la invasión de los
bárbaros del N (c. 770 a.J.C.) obligó a los Zhou a trasladar su
antigua capital a Luoyang (provincia de Henan), iniciándose la etapa
de declive del poder real, que se vio confirmada a lo largo del
período siguiente, el de los Dong Zhou o Zhou del Este, llamado
también de «Las primaveras y los otoños» (722-481 a.J.C.): los
señores establecidos en las áreas marginales del reino Zhou, apoyados
por pueblos bárbaros, aumentaron gradualmente su independencia con
respecto a aquél, sentando las bases de poderosos estados autónomos -
Qin (provincia de Shaanxi), Jin (Shanxi), Qi (Shandong), Chu (Hubei)
y Song (Henan)- que serían conocidos como los «cinco supremos». De
esta época data el surgimiento de los grandes movimientos filosóficos
chinos (confucianismo, taoísmo). Entre 481-221 a.J.C. tuvo lugar el
período «de los Reinos combatientes», en el que se desvaneció la idea
de un wang principal (la dinastía Zhou abdicó en 249 a.J.C.), al
tiempo que proliferaban las guerras de anexión por parte de los
grandes reinos (el Qin, al NO, y el Zhou al S) sobre los Estados más
débiles. Desde finales del s. IV a.J.C. los príncipes de Qin,
establecidos en Shaanxi, extendieron sus dominios desde Mongolia
hasta más al S del Yangzi Jiang. La ocupación en 221 a.J.C. del
reino de Qi marcó el final del sistema feudal y el inicio del primer
Imperio chino, bajo el mandato de Qin Shi Huangdi (221-210 a.J.C.).
Éste ordenó levantar en su frontera N la Gran Muralla (de más de
2.000 km de longitud), con el fin de defenderse de los bárbaros
xiongnu. Pero sus principales aportaciones se plasmaron en la
organización política del Estado, en la que destacó el gran ministro
Li Si (de la escuela de los legalistas). La creación de una burocracia
centralizada, el debilitamiento de la nobleza, la división del
Imperio en 36 provincias, la fijación de fronteras, la supresión de
aduanas internas, la represión política y cultural (quema en 213
a.J.C. de libros «clásicos») y la unificación de la escritura, fueron
medidas impuestas desde la capital, Xianyang, para unificar el
Imperio. Pero a la muerte del emperador (210 a.J.C.), la dinastía Qin
no tardó en disolverse. En un contexto de vacío de poder, Liu Bang,
un gran hacendado agrícola, se hizo proclamar emperador (Han Gaozu,
206-195 a.J.C.), fundando un nuevo linaje (los Han) y reunificando el
Imperio en torno a la capital Chang'an (actual Xi'an). Dentro de la
dinastía de los Han hay que distinguir dos períodos. Los Qian Han
(Han anteriores u occidentales) reinaron entre 206 a.J.C y 23 d.J.C.
El emperador más importante fue Wudi (140-87 a.J.C.), que reforzó el
carácter centralista del Estado con la creación de «consejeros» en
cada uno de los principados locales y la designación de funcionarios
por concurso, dando así origen al mandarinato. Por otro lado, el
confucianismo fue reconocido como doctrina oficial gracias al
filósofo Dong Zhongshu. El Imperio alcanzó durante este reinado su
mayor expansión territorial, abarcando desde Tonkín (al S) hasta
Corea septentrional (al NE) y Ferganá, en Uzbekistán (al O). Se
consiguió asimismo el dominio de la ruta de la seda, al ser vencidos
los xiongnu en 119 a.J.C. Tras la breve usurpación del poder por
parte de Wang Mang (9 d.J.C.-23 d.J.C.), Guang Wudi reinstauró la
estirpe de los Han -denominada Hou Han (Han posteriores u orientales,
23-220)- y trasladó la capital Chang'an a Luoyang (Henan). Gracias a
la ruta de la seda, el Imperio Han consolidó su comercio exterior,
entablando relaciones con Europa y la civilización hindú (penetración
del budismo). La invención del papel, junto a los avances en campos
diversos del saber, como la astronomía, la alquimia, la medicina y la
cirugía completan la visión global de esta etapa de esplendor
cultural, que coincidió con el reinado de Mingdi (fines del s. I
d.J.C) y en la que también destacaron las campañas militares que
llevó a cabo el general Ban Chao por el Asia central.De los Tres
Reinos a los Song. Con el derrumbamiento de la dinastía Han
(«revuelta de los Turbantes amarillos»), se abrió una fase de luchas
políticas, conocida como el período «de los Tres Reinos» (220-316).
El imperio quedó fragmentado en tres partes: el reino de Shu Han (al
SO), el de Wei (al N) y el de Wu (al SE). El intento de unificación
por parte de la estirpe de los Xi Jin (procedente del reino de Wei),
en torno al año 280, quedó truncado por las invasiones de los xiongnu
que, desde el N, penetraron hasta el recodo del Huang He. En 308 uno
de estos jefes bárbaros se proclamó emperador y tres años más tarde
el emperador Xi Jin fue hecho prisionero. Desde entonces (311), el
imperio se circunscribió a la China meridional, con capital en
Nankín. Durante la época de las Seis Dinastías (316-581), China
mantuvo una marcada dicotomía. El N estuvo ocupado por pueblos
bárbaros, ya de origen turcomogol (los xiongnu hasta 352), o bien
turcotungú (los xianbei, hasta 507). Estos últimos, también conocidos
como tabghach, fueron quienes fundaron el reino Bei Wei (386-556),
famoso por la aceptación que tuvo en él la cultura budista (santuario
rupestre de Yungang). El S, por su parte, vivió un relevo continuo de
familias reales: en 420 los Xi Jin fueron sustituidos por los Song
(420-479) y éstos por los Qi (479-502). En 502 subió al poder el
linaje de los Liang, que reinó hasta 577, en que fue derrocado por la
familia Cheng (577-589). La dinastía Sui (581-618), instalada en el N
de China, fue la encargada de recomponer la unidad del Imperio, una
vez completó la conquista del S en 589. Wendi y Jangdi -su hijo y
sucesor- llevaron a cabo una política de expansión hacia Asia central
y Corea, al tiempo que reforzaron la cohesión interna con la apertura
del Gran Canal, que conectaría el Huang He y el Yangzi Jiang. Pero el
fracaso de la campaña de Corea ocasionó una revuelta general (616) y
el fin de esta estirpe. En un contexto de anarquía generalizada, Li
Yuang fundó la dinastía de los Tang (618-907), inaugurando uno de los
períodos más brillantes de la historia de China, en el que ésta se
convirtió en la principal potencia económica, política y cultural de
Asia, alcanzando su población los 50 millones de individuos y
llegando su capital, Chang'an, a albergar dos millones de almas.
Durante el imperio de Taizong (627-649) se desarrolló el comercio
(té) al hilo de la expansión de la economía monetaria (creación de
bancos y de las primeras formas de moneda fiduciaria) y las ciudades
del S adquirieron un rango económico y cultural hasta ahora nunca
conocido. En tiempos de Xuangzong (712-755) la vida artística
floreció y las letras conocieron un momento de renovado impulso de la
mano de poetas como Du Fu, Bo Juyi o Li Bo. En política exterior,
Xuangzong intentó prolongar la expansión de Taizong por el Tibet
(cuenca de Tarim) y, de este modo, ocupó la meseta del Pamir (747-
750); asimismo, acudió en ayuda de los reyes de Ferganá, Samarcanda y
Bactriana frente al empuje árabe (715), hasta caer derrotado en la
batalla de Talás (751). En 755 fue derrocado por un golpe militar que
dio paso a una etapa de guerra civil cuyos efectos a nivel
socioeconómico repercutieron de forma negativa en el período de
restauración del poder Tang (763). En efecto, vacías las arcas del
Estado, se implantó un sistema tributario opresor sobre campesinos y
mercaderes, que tuvo como resultado la generalización de los motines,
la reducción masiva de propietarios agrícolas y el desarrollo de un
feudalismo de tipo hereditario. El malestar popular se manifestó
violentamente en la revuelta campesina encabezada por Wang Xianzhi y
Huang Chao (874), este último protagonista de la toma de Chang'an
(881) que obligó al emperador a huir hacia Sichuan. Una vez suprimido
el linaje de los Tang en 907, los príncipes feudales recuperaron sus
feudos y se inició una fase de anarquía y atomización del poder,
conocida como período «de las Cinco dinastías» o Wu Dai (907-978). La
nueva reunificación llevada a cabo por la dinastía Song (960-1279),
fundada en Kaifeng por Zhao Guangyin, se apoyó en una ideología
neoconfucianista marcadamente autoritaria que se plasmó en un rígido
despotismo imperial. Conquistados entre 963 y 979 todos los reinos
chinos -salvo el de Khitan de Pekín-, el nuevo emperador revalorizó
los valores tradicionales y dio un nuevo impulso al mandarinato. El
centro de gravedad del Imperio se estableció en las ciudades
comerciales del SE, en cuyo seno adquirieron cada vez mayor
notoriedad social los «capitalistas» de los gremios comerciales. Ya
en el s. XI, y en un contexto de crisis agrícola, el emperador Wang
Anshi (1021-1086) y sus consejeros «innovadores» intentaron aumentar
la producción del campo con una reducción de impuestos, pero esta
política reformista chocó con la oposición del mandarinato
conservador, defensor de los intereses de los grandes latifundistas.
Fue a lo largo de este siglo cuando tuvieron lugar grandes
descubrimientos como los de la pólvora, la brújula o el compás
magnético. Los Song no llevaron a cabo ninguna conquista en Asia; en
cambio, en 1126 las invasiones de tribus mogolas y tártaras, junto a
la creación del reino Kin, motivó el traslado de la capital desde
Kaifeng a Lin'an (actual Hangzhou), al S del Yangzi Jiang. En 1206 la
coalición de tribus turcomogolas bajo la égida de Gengis Kan marcó el
inicio de una etapa de terror sobre China: en 1215 Pekín quedó
arrasada; en 1233 Kaifeng fue tomada y en 1234 el reino Kin
desaparecía. Entre 1258-1279 se completó la ocupación de la China de
los Song, bajo el mando de Qubilay Kan, nieto de Gengis Kan, que
recibió en su corte a Marco Polo. De los mongoles a los manchúes.
En 1280 Qubilay Kan se proclamó emperador de China e instauró la
dinastía Yuan (1280-1368) en la nueva capital Khanbalik (actual
Pekín), lo que significó el primer triunfo de una estirpe extranjera
en China. El país se hallaba asolado por las guerras. La población
china había descendido de 100 millones a tan sólo 60 millones de
individuos. Se intentó reconstruir la economía con la recuperación de
las rutas comerciales (creación de una zona de libre cambio,
relanzamiento de la ruta de la seda a través del imperio mogol), la
reconstrucción del Gran Canal, el uso del papel moneda y la
legislación del Código de los Yuan, que favorecía a los más pobres;
pero fracasó y el hambre asoló el país, que terminó por sublevarse
(rebelión de los «Turbantes rojos», 1351) y acabó finalmente con la
dinastía mogol en 1368. La revuelta popular entronizó a Zhu
Yuanzhang, un campesino que, con el nombre de Hongwu, reinó entre
1368 y 1398, implantando un nuevo linaje, el Ming (1368-1644). En
prevención de nuevos ataques mogoles, se reconstruyó la Gran Muralla
y se trasladó la capital de Pekín a Nankín, más al S. El gobierno de
los Ming, y en especial el de su emperador Yongle (1403-1424) -quien
en 1409 devolvería la capitalidad a Pekín-, se caracterizó por la
corrupción, el lujo y la opulencia. Durante esta era, la ampliación
del funcionariado -ya no circunscrito tan sólo a la aristocracia
terrateniente- redundó de manera negativa sobre las clases populares,
que tuvieron que soportar mayores cargas fiscales. La agricultura
experimentó un renovado impulso gracias a una serie de medidas tales
como el establecimiento de graneros públicos, la asignación de
tierras a los soldados, la extensión de los regadíos y la
obligatoriedad del cultivo del algodón (1394). La riqueza del
comercio chino atrajo la atención de los piratas japoneses, cuyas
incursiones sobre las costas del E y del S se prolongaron hasta
finales del s. XV. Por otro lado, en las décadas iniciales del s. XVI
se registró la llegada de los primeros europeos (portugueses) y, algo
más tarde, se asistió a la fundación por primera vez de
establecimientos con carácter comercial (Macao, 1557). Años después,
durante el mandato de Wanli (1573-1620), fueron autorizadas
oficialmente las misiones extranjeras (Mateo Ricci, 1582). Al NE del
Imperio Ming se estableció en el s. XVII un potente reino manchú. Las
disensiones internas de los chinos facilitaron la penetración de los
manchúes: éstos ocuparon Pekín en 1644 y proclamaron una nueva
estirpe, la de los Qing (1644-1840), que fue reconocida en toda China
quince años más tarde. Uno de sus emperadores más célebres fue Kangxi
(1662-1722), impulsor de las letras, las ciencias (matemáticas,
cartografía) y las artes (reconstrucción de la ciudad imperial de
Pekín). A lo largo de su reinado, que fue uno de los más largos de la
historia china, el Imperio se equiparó técnicamente a Europa. Kangxi
emprendió una importante transformación del campo, expropiando
grandes propiedades y parcelando las tierras, y tuvo que afrontar
asimismo las revueltas internas de Cantón y del Yunnan. En el plano
exterior, ocupó la isla de Formosa (1683), impuso un protectorado
sobre Mongolia (1696) y Tibet (1720), y fijó las fronteras con el
imperio ruso (Tratado de Niérchinsk, 1689). El continuador de la obra
de Kiangxi fue Qianlong (1736-1796), que prosiguió la expansión hacia
Asia central y consiguió que su imperio igualara en extensión a los
de las épocas más gloriosas del pasado chino (dinastías Han y Tang):
desde el Himalaya a Siberia y del río Rojo al Pamir. Por otra parte,
favoreció la actividad mercantil con Europa (organizada desde el
puerto de Cantón: gremio Cohong), confiscó las grandes propiedades y
estimuló el reparto de tierras. Fomentó también la vida artística y
cultural. Sin embargo, tras estos dos grandes reinados, se inició la
etapa de decadencia Qing. A lo largo del s. XIX, China se encerró
sobre sí misma y se desfasó técnicamente con respecto a Europa, al
vivir ajena a la Revolución Industrial. En 1830 fueron expulsados los
últimos misioneros y en 1834 se produjo la primera intervención
británica contra las autoridades chinas, que ponían trabas al
comercio de la Compañía de las Indias Orientales (la cual ostentaba
el monopolio de la seda y el té chinos). Dicho episodio fue el
precedente de la «Guerra del opio» (1839-1842), a partir de la cual
la intromisión europea en los asuntos de Estado chinos se convertiría
en un fenómeno omnipresente hasta entrado el s. XX.Las injerencias
extranjeras. A lo largo de la segunda mitad del s. XIX se produjo la
expansión mundial de las potencias imperialistas occidentales. La
victoria británica en la «Guerra del opio» se tradujo en una serie de
ventajas comerciales, reflejadas en el Tratado de Nankín (1842):
cesión de Hong Kong como base naval y comercial, apertura al comercio
inglés de cinco puertos (Cantón, Shanghai, Ningbo, Amoy y Fuzhou),
regulación de los derechos de aduana (que no podían exceder de un 5 %
del valor), etc. Otros tratados similares se firmaron con EE UU y
Francia, con lo que China quedó desde entonces a merced de los
comerciantes foráneos. En 1851 Hong Xiuquan encabezó el movimiento
religioso Taiping («Paz celeste»): con el apoyo del campesinado
consiguió organizar un Estado independiente en el S, que se rebeló
contra los excesivos impuestos y los abusos de los extranjeros, y que
se extendió hacia Nankín (1853), donde situó su capital. En 1856
estalló la ÍI Guerra del opio», que concluyó con el Tratado de
Tianjin (1858). Pero la no ratificación de éste por parte de China
provocó una nueva intervención europea (incendio y saqueo del palacio
de verano de Pekín, 1860), que forzó la aceptación de nuevas
concesiones por el Tratado de Pekín: apertura de once nuevos puertos,
libertad de culto, independencia de los extranjeros respecto a la
legislación china, etc. Fue entonces cuando los occidentales se
decidieron finalmente a apoyar a Pekín en la sofocación del
movimiento Taiping (1860-1864), que había entorpecido notablemente la
actividad comercial. Durante el gobierno de la emperatriz Ci Xi -que
se inició de facto ya en 1861- se produjeron, por un lado, las
contundentes acciones represivas sobre el campesinado del N y sobre
los musulmanes del Yunnan y del Xinjiang, y, por otro, el conflicto
armado con Francia (1884-1885), cuyo prólogo fue la matanza de
Tianjin (1870) en la que perecieron el cónsul francés y diez
religiosas de la misma nacionalidad. En 1894, y como consecuencia de
los intentos chinos por restablecer su hegemonía en Corea, se desató
la guerra chino-japonesa. Con la firma, un año después, del Tratado
de Shimonoseki, se ponía fin al conflicto, en el que resultó vencedor
Japón, el cual obtuvo de China la isla de Formosa, las islas
Pescadores y, en un principio, la península de Liaodong (Port
Arthur). La intervención diplomática de los países occidentales
(temerosos del empuje que manifestaba la nueva potencia nipona)
propició que Liaodong fuese devuelta a China, pero en cambio la China
del litoral fue repartida entre aquéllos (1897-1898): para Alemania
la bahía de Jiaozhou, para Francia el área de influencia del Yunnan y
la bahía de Guangzhouwan, para Gran Bretaña la zona de influencia de
la cuenca del Yangzi Jiang y la cesión del puerto de Weihaiwei, y
para Rusia el arrendamiento de Port Arthur y la concesión del
ferrocarril transmanchuriano. En ese momento, el país, asolado por la
miseria y la corrupción, se convirtió en un mercado de feroz
competencia financiera y comercial. El mandarín Kang Youwei y un
grupo de letrados reformistas intentaron reaccionar ante la
situación, proponiendo al emperador Guangxu la «Reforma de los Cien
Días», necesaria para europeizar el país. Pero la emperatriz Ci Xi,
ayudada por el general Yuan Shikai, retomó el poder y abolió las
reformas, haciendo prisionero al propio emperador. En los años que
jalonan el cambio de siglo, se produjo un movimiento popular (los
bóxers) que desde Shandong lanzó una violenta campaña xenófoba,
saldada con el asesinato de varios misioneros y la destrucción de
propiedades extranjeras, y que llegó hasta las puertas de Pekín. La
ciudad, asediada, fue controlada por las potencias occidentales,
quienes impusieron una serie de sanciones al gobierno chino, cada vez
más sujeto a las directrices foráneas. Tras este violento episodio,
fue la propia Ci Xi la que encabezó, junto a Yuan Shikai, una reforma
de la enseñanza, el ejército y la administración, según patrones
occidentales. A la muerte de Ci Xi y de Guangxu (1908), Pu Yi fue
nombrado emperador con tan sólo tres años de edad, aunque el período
de regencia abierto desde entonces tan sólo duró tres años, puesto
que la dinastía Qing -la última familia real china- fue derrocada por
una revolución de signo burgués, entre 1911-1912.De la república
nacional al socialismo (1911-1949). El movimiento revolucionario,
iniciado a fines de 1911 por el Partido Nacional del Pueblo (o
Guomintang) y dirigido por Sun Yat-sen, se extendió desde Wuchang al
resto del país, favorecido por el clima de animadversión existente
con respecto a la dinastía manchú, que simbolizaba el servilismo
frente a los intereses foráneos en el país. El 29 de diciembre de
1911 Sun Yat-sen fue nombrado presidente de la recién creada
República y a comienzos de 1912 tuvo lugar la abdicación de Pu Yi, el
último emperador chino. Derrocada la monarquía, se imponía articular
la unidad nacional con la expulsión del colonialismo occidental y
modernizar el país con la instauración de un régimen democrático y
con el fomento del desarrollo económico y social. Pero Yuan Shikai -
el sucesor de Sun Yat-sen-, apoyado por los sectores más
conservadores de la sociedad, acabó por imponer un régimen dictatorial
que duró hasta su muerte (1916). Entonces, la anarquía y el desorden
se impusieron, sobre todo en el N, donde los «señores de la guerra»
(los dujun, como Zhang Zuolin, en Manchuria) se enzarzaron en
cruentas luchas por la hegemonía provincial, regionalizando el poder
y debilitando el papel del Estado. En el S, Sun Yat-sen rechazó el
régimen de los dujun y creó un gobierno republicano con capital en
Cantón (1918). Esta situación de conflictividad interna fue
especialmente perjudicial para el campesinado, aniquilado al paso de
los ejércitos, que saqueaban y cobraban onerosos impuestos en
beneficio de los nuevos amos provinciales. El 4 de mayo de 1919 tuvo
lugar la primera revolución cultural china, en la que un movimiento
estudiantil mostró su rechazo al nepotismo y a los valores
tradicionales de la sociedad. A principios de los años veinte se
produjo, por un lado, el surgimiento del Partido Comunista Chino
(1921) y, por otro lado, la reorganización del Guomintang (1923), el
cual se disgregaría pronto, al fallecer Sun Yat-sen (1925). Su sector
más moderado, cuya cabeza visible era Chang Kai-shek, rompió los
lazos diplomáticos con la URSS (1927), reorganizó la China del S (con
capital en Nankín) e inició la denominada «expedición hacia el
norte», de signo nacionalista, y caracterizada por la represión
sistemática contra los comunistas. El repliegue de éstos (guiados por
Mao Zedong y Zhou Enlai) hacia las montañas del Jiangxi y del Hunan
propició la impregnación del ideario comunista entre el campesinado,
ávido de una reforma agraria. Poco después de que Chang Kai-shek
llegara a Pekín (1928), se organizó una república soviética en el
Jiangxi, presidida por Mao Zedong, en el mismo año en que Japón
ocupaba Manchuria (1931). Pero, atacada por las fuerzas del
Guomintang, la república de Jiangxi tuvo que retirarse hacia Shensi
(la «Larga marcha», de 1934-1935). Desde 1936, y después de que su
jefe político, Chang Kai-shek, cayera en manos de las tropas
comunistas -quienes lo liberaron por orden de Stalin-, el partido del
Guomintang cesó en su ofensiva anticomunista, en un intento de aunar
esfuerzos frente a la seria amenaza nipona. En efecto, Japón -que
había penetrado por el N- llegó hasta Pekín en 1937, obligando al
gobierno nacionalista a retirarse, primero a Hankou y, una vez
ocupada ésta en 1938, a Chongqing. Pero la intervención japonesa en
la II Guerra Mundial (1941-1945) debilitó sus posiciones en China.
Una vez concluida aquélla con su derrota, comunistas y nacionalistas
chinos reanudaron la guerra civil. El triunfo final del comunismo dio
lugar a la instauración de la República Popular de China -proclamada
por Mao Zedong el 1 de octubre de 1949-, mientras que las fuerzas
nacionalistas de Chang Kai-shek se refugiaron en la isla de Formosa,
donde se constituyó el Gobierno de la China nacionalista (Taiwan).
Durante el período en el que China vivió bajo la influencia de Mao
Zedong se pueden distinguir tres etapas diferenciadas. En la primera
de ellas, que abarcaría desde 1949 hasta 1953, se consolidó el nuevo
régimen sobre la idea de una verdadera integración nacional, a partir
de un órgano político común a todos los partidos democráticos, la
«Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino». Ésta fue la
encargada de elaborar una legislación para los órganos
administrativos centrales y locales, organizar la nacionalización de
empresas, iniciar la reforma agraria y lanzar una serie de reformas
sociales y consignas morales básicas. En este sentido, cabe destacar
las campañas de las «tres anti» (corrupción, burocratismo y
despilfarro) y de las «cinco anti» (soborno, fraude fiscal, sabotaje,
robos de bienes estatales, consecución de forma ilegal de secretos de
Estado), del año 1952. La segunda etapa (1953-1965) estuvo marcada en
sus inicios -hasta finales de los años cincuenta- por la influencia
soviética. En el plano político quedó definida la estructura interna
del nuevo Estado socialista, a partir, básicamente, de la promulgación
de una nueva Constitución (1954), de carácter muy centralizado, a
imagen de su homónima soviética. A partir de ella se estableció una
asamblea única (Congreso Nacional del Pueblo), se concedió cierta
libertad religiosa y una autonomía parcial a las minorías nacionales
(«centralismo democrático»). Mao Zedong fue elegido presidente de la
República (1954-1959) y Zhou Enlai ocupó el cargo de primer ministro.
Paralelamente al proceso político se llevó a cabo la reconstrucción
económica del país, que, sobre la base de los planes quinquenales (el
primero de los cuales entró en vigor entre 1953-1957), otorgó
prioridad al sector industrial -y dentro de éste, a la industria
pesada- sobre el agrario. El fracaso de este modelo económico dio
paso a otras campañas, como las de las «Cien flores» (1956-1957), la
del «Gran salto adelante» (1958-1965) y la de las comunas populares.
En 1959 Liu Shaoqi sustituyó en la presidencia de la República a Mao,
quien desde entonces se dedicó por entero a su cargo de jefe del
Partido Comunista. En un contexto de crisis aguda, Liu Shaoqi dio un
vuelco a la política económica china, al acentuar la importancia del
sector agrario sobre el industrial (contrariamente al modelo
soviético). En el mismo año, China rompía sus relaciones con la URSS,
que le retiró su apoyo militar y técnico (1960), pese a lo cual China
pudo realizar su primera experiencia de explosión nuclear en 1964. La
última etapa (1965-1976) estuvo presidida por la «Revolución
cultural», que nació como una necesidad para mantener el impulso
revolucionario (idea de la «revolución permanente») y que quedó
plasmada en la Constitución de 1975. Sus defensores, pertenecientes
al bando doctrinario (Mao, Lin Biao y Chen Boda), recibieron el apoyo
de los «guardias rojos» y de la juventud china para hacer frente al
sector crítico (Liu Shaoqi y Peng Zhen, alcalde de Pekín), que sería
depurado tanto en sus círculos militares como políticos e
intelectuales. Tras el intento de golpe de estado y muerte de Lin
Biao (1971), Zhou Enlai emprendió, desde su puesto de primer
ministro, una política más moderada que buscó el apaciguamiento del
país, si bien tuvo que enfrentarse a los sectores más radicales (Jian
Qing, esposa de Mao, y los «jóvenes» de Shanghai) en el llamado
movimiento Pilin Pikong. En 1976, la muerte de Zhou Enlai abrió la
crisis política, agravada poco más tarde con el fallecimiento de Mao
Zedong. En política exterior, la China de Mao buscó la expansión e
influencia hacia el O: anexión del Tibet (1951), protección económica
sobre Bhután, intervención en Nepal (1960), guerra con la India
(1962). China fue base de apoyo para diversas revoluciones
socialistas en el Oriente asiático: intervención en Corea del Norte
(1950-1953), en Vietnam (1947-1954). En los años setenta mejoraron en
general las relaciones exteriores chinas, con una cierta apertura (
admisión en la ONU, 1971; mejora de las relaciones con EE UU y
Japón), aunque quedaron congeladas sus relaciones con la URSS -ya
deterioradas desde principios de los años sesenta-, llegándose,
incluso, al enfrentamiento fronterizo en 1969. Tras la desaparición
de Mao (1976), el lobby político se hallaba fragmentado en tres
tendencias: el ala adversaria de la política cultural (Deng
Xiaoping), la facción izquierdista de Shanghai y la coalición
dirigida por Hua Guofeng. Este último, sucesor dentro del partido de
Mao Zedong y de Zhou Enlai, fue quien detuvo en octubre de 1976 el
complot radical de la «Banda de los cuatro» (o grupo de Shanghai),
que fue encarcelada. Asimismo, fue quien impulsó la campaña de las
cuatro modernizaciones (agricultura, industria, defensa nacional y
ciencia y técnica), que preconizaba una apertura al exterior tanto
económica como cultural. El polémico juicio de este grupo radical,
que concluyó en enero de 1981 con la condena a muerte de Jian Qing -
conmutada dos años después por la de cadena perpetua-, significó el
inicio de la caída en desgracia de Hua Guofeng. Desde entonces, se
asistió a un proceso de progresiva «derechización» dentro del
partido. Éste, marcado por la influencia creciente de Deng Xiaoping y
por el ascenso político de antiguos «contrarrevolucionarios», lanzó
una dura campaña de descrédito hacia la obra de Mao Zedong
(«desmaoización») e, incluso, organizó una purga contra los maoístas
que habían estado en el poder en tiempos de la «Revolución cultural».
Paralelamente, el Gobierno liberalizó la Constitución (1983),
modernizó la economía (conversión de la economía rural de colectiva a
familiar; intento de instalación de una economía dual socialista-
capitalista, sobre todo, en el ámbito industrial), abrió el mercado
al capital extranjero y llevó a cabo una reforma dentro del sector
castrense. Desde 1986 la presión popular -en especial, desde el
movimiento estudiantil- en favor de la democracia fue en aumento a
medida que se constataba fehacientemente que la economía y la
política no seguían los mismos caminos ni ritmos de liberalización.
La intransigente respuesta del politburó chino alcanzó sus tintes más
violentos cuando en mayo de 1989 se produjo la matanza de la plaza de
Tiananmen de Pekín, en la que la represión militar acabó con la vida
de más de 5.000 estudiantes. Por otro lado, en política exterior, los
acontecimientos más significativos desde la muerte de Mao han sido el
enfrentamiento bélico con Vietnam (1979 y 1984), el aumento de las
relaciones diplomáticas y económicas con los países occidentales
(relaciones con EE UU, desde 1979; entrada en el Fondo Monetario
Internacional, en 1980) y con Japón (1975-1984). En este sentido, la
firma de un acuerdo con Gran Bretaña (1984) garantizó la devolución
de Hong Kong a China en 1997. En 1983 se firmó un pacto comercial con
la URSS, que sería ampliado en 1985, año éste en el que se llegó
también a un acuerdo de cooperación tecnológica con EE UU. En la
actualidad, la reivindicación china de la república autónoma de
Mongolia Interior y de la de los Buriatos -esta última, en Rusia-
puede generar conflictos regionales. El clima de buen entendimiento
con EE UU y los países occidentales, debilitado tras los
acontecimientos de Tiananmen, volvería a recuperarse progresivamente,
sobre todo después de la permisiva actitud china en la ONU ante las
iniciativas occidentales para expulsar a Iraq de Kuwait (1991). A la
muerte de Deng Xiaoping, acaecida en febrero de 1997, Jiang Zemin
mantenía la Jefatura del Estado, cargo al que accedió en marzo de
1993.
LIT. La historia literaria de China está marcada por la presencia
de dos tendencias, cuya prioridad varía según las épocas: una
tendencia moral, política, democrática, que tiende a favorecer un
estilo simple, ligada al confucianismo, y una tendencia esteticista y
aristocrática, inspirada en el espíritu taoísta. Durante más de 20
siglos, la literatura clásica china redujo su propio acervo a unos
moldes arcaizantes, gracias a los cuales fue capaz de mantener una
sorprendente estabilidad. Las primeras obras significativas son los
jing, obras clásicas o canónicas, que sirvieron de base en la
enseñanza y en las escuelas imperiales. Los clásicos más importantes
son: Shujing (del s. XI al VII a.J.C.), que incluye edictos y
discursos pronunciados por el soberano o por altos dignatarios;
Shijing, colección de canciones amorosas y de himnos religiosos
recogidos por Confucio; Yiling, manual de arte adivinatoria; Chunqiu,
primera crónica fechada, que abarca el período de 722 a 481 a.J.C., y
Liji, formulario de ritos y tradiciones religiosas. A estos cinco
clásicos se agregan los Cuatro libros: Lunyu, recopilación de
sentencias orales; Zhong-yong y Daxue, que versan sobre las virtudes
que distinguen al hombre superior, y Mengzi, alegato en favor de las
ideas de Confucio. Otros textos importantes de este período son la
obra filosófica Zhuangzi (s. III a.J.C.), de inspiración taoísta, y
la antología poética Elegías del país de Chu, que reúne poemas de Qu
Yuan, el poeta más famoso de la China antigua. La prosa china alcanzó
su madurez en la época de los Han, con importantes obras históricas,
entre las que cabe mencionar el monumental Shiji (Memorias históricas)
, de Sima Qian, fuente principal para el conocimiento de la historia
de China y de Extremo Oriente. Sin embargo, el género que mejor
representa este período es la prosa rítmica del fu, cuyo máximo
exponente es Sima Xiangru. Los mejores poetas de la época, durante la
cual apareció el verso pentasílabo, son Cao Cao, su hijo Cao Zhi,
«los siete sabios del bosque de los bambúes» y, sobre todo, Tao
Yuanming. Al período de las Seis dinastías corresponden los primeros
grandes teóricos de la literatura, en especial Liu Xie, con su obra
Wenxin diaolong. La era Tang fue una época de florecimiento cultural.
La poesía, que vivió un verdadera edad de oro, se caracteriza por el
verso regular y por la prosodia difícil y cuenta con una importante
pléyade de poetas, entre los cuales cabe citar a Li Bo, Du Fu, Bo
Juyi y Li Shangyin. Los prosistas más destacados son Han Yu y Liu
Zongyuan, creadores de la denominada «prosa antigua». La época Song
vio surgir el género enciclopédico, favorecido por la difusión de la
imprenta y por el alto nivel cultural alcanzado. Los eruditos más
notables fueron Ouyang Xiu (que dirigió la Nueva historia de los Tang
y la Nueva historia de las Cinco dinastías), Wang Anshi y Su Dongpo,
autor de caligramas, de pinturas, de prosas y de poesías. El período
Yuan es notable por el florecimiento de un nuevo género: el teatro,
cuyos antecedentes pueden buscarse en las danzas litúrgicas, en los
«relatos cantados» y en las pantomimas. El autor más fecundo y
versátil fue Guan Hanqing. La novela (histórica -Historia novelada de
los Tres reinos-, de aventuras -El viaje a Occidente- y costumbrista -
Jin Ping Mei-) y el teatro (La guitarra) son los géneros por
excelencia de la época Ming. Los escritores Qing, con anterioridad al
descubrimiento de la literatura occidental en el s. XIX, sólo
sobresalieron en el ámbito de la novela (El sueño en el pabellón rojo
) y del teatro, que, de modo paulatino, derivó hacia el estilo
popular de la llamada ópera de Pekín (jingxi). La introducción de los
estilos y de los temas occidentales conllevó la bipolarización de los
escritores en función de su aceptación o de su rechazo de los
influjos foráneos. Con la fundación de la República, la literatura se
abrió a la lengua viva, llamada baihua, por oposición a la clásica
muerta. Los principales defensores de esta innovación fueron Hu Shi
y, sobre todo, Lu Xun, fundador de la nueva literatura china, cuyos
importantes títulos (La verídica historia de Ah Q, El diario de un
loco) propiciaron la eclosión de los notables autores de la década de
los treinta: Mao Dun (Medianoche), Ba Jin (Familia), Lao She (El
muchacho del rickshaw), Yu Dafu, Ye Shengtao, Zhang Tinyi y Ding
Ling. El teatro de este período aportó la adaptación de las obras de
estilo occidental (La tormenta, de Cao Yu), que no llegaron, sin
embargo, a cuajar entre el gran público, adepto de la ya citada ópera
de Pekín. En la poesía de los años treinta se aprecia el influjo
francés (Dai Wangshu, Ai Qing), anglosajón (Xu Zhimo) y clásico (Wen
Yiduo). La ocupación japonesa supuso el desarrollo de una literatura
patriótica, de resistencia y edificante, sometida a las premisas del
realismo socialista y dirigida a las masas. Sus exponentes más
representativos son Ding Ling, Wang Shiwei y, sobre todo, Zhao Shuli (
Los cantos rítmicos de Li Youcai). Esta función ideológica de la
literatura, expuesta por Mao Zedong en su Discurso sobre las artes y
la literatura (1942), topó con la oposición de un amplio sector de
escritores; no obstante, la balanza, en especial a partir de 1949, no
tardó en inclinarse del lado del poder establecido y la literatura
entró en un claro período de estancamiento: ningún género quedó a
salvo de las rígidas imposiciones ideológicas y estéticas. La muerte
de Mao propició un tímido clima de apertura: la nueva literatura
oficial posibilitó el surgimiento de obras menos sometidas a las
exigencias de la Revolución cultural (cabe citar, por ejemplo, a Lin
Xinwu). Los últimos treinta años, sin embargo, no han visto el
surgimiento de figuras verdaderamente destacables.
ARTE. El arte chino es una síntesis de equilibrio, de mesura y de
sensibilidad. Estas características definitorias vienen impuestas por
un profundo humanismo y por una gran capacidad de plasmar lo esencial
con pocos medios y de una forma inmediata, sin recargamientos
estéticos superfluos. El arte chino adquiere contornos precisos a lo
largo del II milenio a.J.C., durante el cual las diferentes muestras
de las culturas neolíticas halladas en la cuenca del río Amarillo se
caracterizan principalmente por su cerámica, clasificada en tres
tipos: la de Yangshao, cerámica de arcilla roja cocida con
decoraciones simbólicas, la de Longshan, cerámica negra de superficie
pulida, y la de Xiaotun, menos labrada que las anteriores y de color
gris. Las mejores obras de la cerámica Yangshao iban destinadas al
culto funerario; en ellas y en la exquisita cerámica negra se
muestran las primeras expresiones del gran arte oriental. La
civilización del bronce tuvo su origen durante la dinastía Shang o
poco antes y se desarrolló en época de los Zhou. Los restos
conservados más representativos provienen de las excavaciones de
Zhengzhou, primera capital Shang, en el Henan, y de Anyang, segunda
capital Shang: abundante material funerario, caballos enjaezados,
carros, bronces (recipientes de usos rituales), esculturas (en mármol
y jade) e inscripciones adivinatorias (sobre hueso o caparazón de
tortuga). En el s. IX los Zhou extendieron la civilización del
bronce, sin grandes innovaciones técnicas ni formales, hacia el S
(valle del Yangzi Juang) y hacia el N (Mongolia); sus obras reflejan
un empobrecimiento decorativo y una pérdida de elegancia y de
equilibrio. Durante la época de los reinos combatientes, se
desarrolló una intensa actividad artística, caracterizada por la
renovación de las técnicas (en especial de la fundición y del
cincelado) y por el afán de lujo y de ornato (bronces, jades,
cerámicas, pinturas sobre seda), apreciables en la tumba de la
marquesa Tai; a este período corresponden los primeros tramos de la
Gran Muralla, pronto unidos por Qin Shi Huangdi, cuya sepultura,
descubierta en 1974, está custodiada por 6.400 figuras de soldados de
tamaño natural. El arte de los Han es esencialmente funerario: las
tumbas, que reproducían la morada terrestre del difunto, aparecen
repletas de objetos mobiliarios y decorativos en los más variados
materiales (madera, metal, terracota, laca, etc.); el mejor de los
ejemplos es la tumba del príncipe Liu Sheng y de su esposa Dou Wan,
descubierta en el Hebei en 1968. Durante este período se elaboró una
nueva técnica cerámica (la de las protoporcelanas, gres pardo,
oliváceo o amarillento cocido a alta temperatura) y las estatuas
monumentales de animales comenzaron a preceder las sepulturas. La
caída de los Han supuso la desmembración del imperio. En el S, se
desarrolló una importante tarea pictórica, cuyas técnicas se reflejan
en lafloración de esculturas y de santuarios, influidos por las
tendencias del Asia Central, entre los cuales cabe citar los de
Yungang y de Longmen. Las obras más notables del período Sui son el
Gran Canal y dos nuevas capitales, en las que se aprecian nuevas
concepciones urbanísticas: Chang'an y Luoyang, en la primera de las
cuales se establecieron los Tang, durante cuyo reinado China vivió
una importante actividad artística; los frutos más notables de este
período son las figuras monumentales, los frescos de Dunhuang, los
paisajes de Wang Wei, Wu Daozi, Li Sixun y Li Zhaodao y el
extraordinario desarrollo de las artes decorativas (en especial de la
orfebrería, de la joyería y de la cerámica). Las cortes locales de la
época Song continuaron siendo activos centros pictóricos; los
pintores más destacados del período fueron, en el s. X, Jing Hao,
Dong Yuan, Li Cheng, Fan Kuan; en el s. XI, Xu Daoning, Guo Xi y,
sobre todo, Li Tang, cuyo impresionismo paisajístico y decorativo es
el antecedente de la corriente lírica de Ma Yuan y Xia Gui en el s.
XIII. La producción cerámica Song, refinada y de gran perfección
técnica, se centró en el Hebei, Henan y Shaanxi, con el desarrollo de
las porcelanas blancas, del craquelé, de la decoración floral, de los
esmaltes y de los celadones. La dinastía Yuan no aportó grandes
innovaciones al arte chino, excepto en el campo de la pintura,
caracterizada por un arcaísmo deliberado y por una gran economía de
medios (Qian Xuan, Zhao Mengfu, Wu Zhen, Huang Gongwang, Ni Zan y
Wang Meng) y de la cerámica (llegada del azul de cobalto, procedente
de Irán). El establecimiento de los Ming en Pekín supuso el
desarrollo y el embellecimiento de la ciudad (Ciudad Prohibida,
palacio de verano, Altar del Cielo). Este período constituye la edad
de oro de los jardines particulares (destacan los de Pekín, Yangzhou,
Nankín, Suzhou y Hangzhou). La pintura siguió un estilo ecléctico de
gran perfección técnica; se aprecian dos tendencias: la heredada del
paisajismo Yuan (Shen Zhou, Wen Zengming) y la seguidora de los
líricos Song. Las artes menores experimentaron también un notable
desarrollo (alcanzaron su apogeo la técnica cerámica de los blancos y
de los azules, la alfarería arquitectónica y el mobiliario de madera
dura). La pintura de la época Qing, inspirada en los maestros
antiguos, alcanzó una gran maestría técnica, palpable en las obras de
los «cuatro Wang» (Wang Shimin, Wang Jian, Wang Hui y Wang Yuanqi),
Bada Shanren, Shi Tao, Kun Can, Hongren y Gong Xian, cuyas
aportaciones culminaron, en el s. XVIII, en la exuberancia plástica
de los «ocho excéntricos de Yangzhou». Las artes decorativas, antes
de entrar en un período de decadencia, alcanzaron un último destello
de grandeza bajo el reinado de Kangxi. En el campo de las artes
menores, se registró un considerable aumento de la producción de
esmaltes alveolados, cuyas formas y gama de colores se enriquecieron,
no así la decoración floral, reiterativa y poco espontánea; otras
aportaciones importantes fueron el desarrollo de la técnica del
esmalte pintado, introducida hacia 1710, y del trabajo del jade y del
marfil, materiales que conocieron una revitalización formal y
técnica, a menudo excesivamente virtuosa. Durante el s. XX, las artes
menores se siguieron cultivando en China, en particular a raíz de la
reapertura al turismo. La pintura contó con una primera mitad de
siglo diversa en tendencias y artistas: pervivieron tendencias
tradicionales (Huang Binhong, Pu Xinyu) junto a influjos occidentales
(Xu Beihong, llamado Jupeon). Se recuperó también el interés por la
estampa y por el grabado sobre madera (Luxun, Zheng Zhenduo) y hacia
fines de los años cincuenta se desarrolló un arte campesino, marcado
por los planteamientos ideológicos del realismo socialista.
DiegoyGabriel@aol.com