Las citoquinas
Tomado del Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos de España
Los fármacos de que se disponía hasta la fecha para tratar la artritis reumatoide, tan solo nos permitían paliar los síntomas y en el mejor de los casos, frenar el desarrollo de la enfermedad, a costa de no pocos y serios efectos adversos. Una nueva serie de productos obtenidos por recombinación genética abre una nueva vía de ataque a esta dolorosa enfermedad, interfiriendo la amplificación de la reacción inmunológica que origina este cuadro clínico.
La artritis reumatoide es una enfermedad autoinmune crónica, que provoca que el propio sistema inmunitario ataque a la cápsula de las articulaciones, produciendo dolor, inflamación, fatiga y discapacidad. Todo ello puede conducir a deformidad física y serios daños orgánicos.
Sus causas son múltiples, por lo que su tratamiento se convierte en un reto y debe instaurarse antes de que la enfermedad progrese. El tratamiento convencional incluye analgésicos, antiinflamatorios no esteroídicos, y esteroides, que reducen los síntomas y mejoran la funcionalidad aunque no modifican el curso de la enfermedad. Los que denominamos fármacos modificadores de la enfermedad (metotrexato, hidrocloroquina, sulfasalazina, ciclosporina y sales de oro), consiguen preservar la funcionalidad al frenar el proceso. Sin embargo, tienen numerosos inconvenientes, el inicio de acción es lento, presentan serios efectos adversos que deben controlarse mediante monitorización y con el tiempo pierden eficacia. El paso siguiente a éstos son los inmunosupresores (azatioprina, ciclosporina, ciclofosfamida), con no menos efectos adversos y que requieren de una monitorización específica.
La remisión total de la enfermedad sólo se observa en unos pocos casos. Por lo general, se establecen tratamientos personalizados, dependiendo del grado de afectación, que varían desde la terapia de combinación, al ejercicio, el reposo, la fisioterapia, la terapia ocupacional o la cirugía. La artritis disminuye la esperanza de vida en 5-10 años, tiene una alta incidencia en todo el mundo y afecta en un 70% a mujeres. Sólo en España afecta a más de 4 millones de personas y su coste directo e indirecto es muy elevado.
La investigación ha permitido identificar nuevos agentes que interfieren el proceso inflamatorio al inicio de la cascada de la artritis reumatoide. Las citoquinas son sustancias proteicas secretadas por los linfocitos T, que actúan como mensajeros químicos dando instrucciones a otras células del sistema inmunitario. Además, estimulan la secreción de otras citoquinas y mediadores inflamatorios en la zona de lesión, ejerciendo su efecto al actuar sobre receptores celulares específicos. El factor de necrosis tumoral (TNF), es una de estas citokinas, que juega un importante papel en las reacciones inmunes y se ha identificado como una de las sustancias clave en la artritis reumatoide. Es secretado por los macrófagos y tiene un amplio rango de acciones biológicas.
Su receptor específico es una proteína transmembrana. La interacción TNF-receptor modifica la configuración espacial de éste último y genera el desarrollo de una cadena de fenómenos en el interior celular.
El TNF regula la producción de sus propios receptores. Algunas de las células productoras de este tipo de receptores pueden liberarlos al espacio intercelular y son exportados a otros tejidos como receptores de TNF solubles. A la vez, debemos considerar que la actividad del TNF está estrechamente regulada por la cantidad de receptores (tanto solubles como de la superficie celular). Algunos estudios sugieren que la cantidad total de receptores en la artritis reumatoide es insuficiente para combinarse con el TNF producido, que se fija a los receptores de otras células produciendo una cascada de fenómenos inflamatorios articulares. La neutralización de este TNF excedente supone una forma de evitar esas reacciones indeseables.
Los avances en biología molecular han permitido reproducir estos receptores en grandes cantidades identificándose dos subtipos de receptores: el p55, que predomina en las células del tejido conectivo, y el p75, en linfocitos T y B activados.
La inyección de receptores TNF solubles en pacientes con artritis reumatoide interfiere la reacción inmune y presenta un perfil de seguridad excelente. El etanercept es una versión recombinante del receptor de TNF p75. Los ensayos clínicos efectuados hasta la fecha muestran un descenso en la evolución de la enfermedad y un aumento de la capacidad funcional de los pacientes tratados con etanercept. Por otra parte, el tratamiento no requiere, como ocurría con los modificadores de la enfermedad, de controles rigurosos al paciente para prevenir sus efectos adversos.