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Uno de los últimos mensajes publicados, el del 2 de febrero de 1990, está referido a la consagración.  Allí se señala el camino que debe recorrer el consagrado.  La Virgen le da muchísima importancia a la consagración como camino de santidad, una santidad que Ella pone a disposición nuestra.  No para patrimonio de pocos, sino de todo el que quiera dar pasos en este sentido.
 
"Gladys, quiero que mis hijos Consagrados le den a la Madre cuanto Ella pide.
Dedicarle a la oración, por lo menos una hora diaria.
Comulgar diariamente.
Ser humildes.
Estar al total servicio de María.
Agradecer a Dios, cada día vivido como Consagrado.
Estar unidos al Amor del Hijo.
Pedir la gracia de vivir bajo la Luz del Espíritu Santo.
La Consagración debe ser hecha en un día especial de la Madre.
Es ésta, la Consagración que pido en Mi Santuario". (Nº 1798).


La Madre pide a sus hijos la conversión y la consagración a Su Corazón.
 

"Hija mía, como Auxilio de los Cristianos, quiero rescatar a mis hijos, pidiéndoles la conversión y luego la Consagración a Mi Corazón de Madre.
Yo les digo:  Responderé a vuestra consagración con Mi Protección, es decir, os defenderé de toda adversión.
Haceos pequeños e interiormente humildes y entraréis en Mi Corazón.  Gloria a Dios.  Predica a todos tus hermanos". (21-8-87, Nº 1242)


Consagrarse a María es entregarse incondicionalmente a Ella, dejar en Sus manos de Madre la propia vida y, de este modo, ser verdaderamente libres en la gracia.
 

"(...) La consagración no quita la libertad del cristiano, no lo anula, sino que lo hace crecer interiormente, hace que el espíritu se renueve día a día, se introduzca en mi Corazón y se alimente completamente de él.
De esta manera se llega a amar a Jesús en forma total, sólo por medio de mi Corazón.  Mi Corazón da y exige, mas no exige lo imposible". (10-8--86, Nº 939).


La consagración es un acto libre. El compromiso se sella mediante la oración.
 

"(...) Desde aquí pido a mis hijos: La Consagración a Mi Corazón.  Esa Consagración, que no requiere papeles ni fórmulas, porque esa consagración irá directamente a Mi Corazón;  será única y exclusivamente para Mi Corazón y será recibida por Mi Corazón (...)" (25-8-88, Nº 1426)


La consagración no es un acto único y acabado, sino un desafío constante que demanda gran fortaleza y perseverancia.  Las exigencias son siempre renovadas, de acuerdo al propio crecimiento en la fe y en la entrega.
 

"Digo a mis consagrados:  Renovaos con la oración, con intensa oración.  Quiero perseverancia, quiero fidelidad, quiero auténticos consagrados.  Os quiero conmigo, os habéis acercado a mi Corazón, os habéis introducido en mi Corazón, seguid en él..
Ofreced, hijos míos, junto con vuestro amor, vuestro espíritu penitente. 
Gloria a Dios.  Debes predicarlo hija.  (24-3-87, Nº 1135).


María Sofía Vasallo afirma en su libro "Un mensaje de Esperanza" que los consagrados con los que ha podido conversar coinciden en afirmar que lo más difícil para ellos es la perseverancia, "hacer todo por amor".
 

"Hija, muchos son los que siendo consagrados, no se han abandonado todavía en Mí. Están ajenos a cuanto pido, ya que faltan en la oración, en la caridad y en la humildad;  es por esto que no me pertenecen enteramente.
Es que en la oración, se logra estar cerca de Dios; en la caridad, se ama al prójimo y viviendo en la humildad, el alma se siente digna de Jesucristo.  Es así como deben estar ante Dios, los verdaderos consagrados.  Deben ser mis hijos, guiados y formados por la Madre, para el Hijo. Amén, amén". (24-9-87, Nº 1264).


El 12 de febrero de 1988, aclara cuál es su papel en esta consagración:
 

"Hija, cuando un corazón se abre al Corazón de la Madre, entra en él.  Cuando un corazón se abandona en el Corazón de la Madre, la Madre lo moldea y lo guía hacia su Hijo.  En ese Corazón hay Pureza, hay Amor, hay Humildad.  Es el Corazón de la que Ama y Obedece al Hijo" (Nº 1353).
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