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Esta página es un regalo de la autora del sitio,
Rita Iris de Paz,  para todos los visitantes.
Las fotos y las oraciones de San Agustín son mis
preferidas y deseo compartirlas con todos ustedes.
Esperen un poco que termine de descargar,
que vale la pena.  ¡Espero que las disfruten!

Dios: ¡Ven en mi auxilio!

Dios, creador de todas las cosas,
dame primero la gracia de rogarte bien,
después hazme digno de ser escuchado
y, por último, libérame.


Dios, que de la nada creaste este mundo
el más bello que los ojos contemplan,
Dame, Dios, la gracia de rogarte bien.


No desprecies, Señor, la obra de tus manos.
Mira, Señor, en mí Tu obra, no la mía
Cualquier obra buena, en mí, la tengo por Ti.
Por ello, es tuya, más que mía.


Dios, por quien todas las cosas,
que por sí mismas nada serían, tienden al ser.
Dios, ¡Ven en mi auxilio!


Te invoco,
Dios Verdad, principio, origen y fuente
de todas las cosas verdaderas.


Dios, Sabiduría, principio, origen y fuente
de la sabiduría de todos los que saben.
Dios, Bondad y Hermosura,
principio, origen y fuente
de todo lo bueno y hermoso.

Dios, Luz espiritual,
principio, origen y fuente
de las cosas radiantes de claridad.
Dios: ¡Ven en mi auxilio!


Dios, cuyo reino es todo el mundo,
que ignoran los sentidos.
Dios, separarse de Ti es caer;
Volverse a Ti, es levantarse;
Permanecer en Ti es ser uno mismo.
Dios: ¡Ven en mi auxilio!

Dios, alejarse de Ti es morir;
Volver a Ti es revivir y habitar en Ti, vivir.
Dios, a quien nadie pierde, sino engañado,
nadie busca sino avisado;
y nadie encuentra sino purificado.
Dios: ¡Ven en mi auxilio!

Dios, abandonarte a Ti es ir a la muerte;
Seguirte a Ti es amar; y verte es poseerte.
Todo cuanto he dicho eres Tú, mi único Dios:
¡Ven en mi auxilio!

Dios, Padre de todo lo bueno y hermoso,
Padre de la luz inteligible,
Padre que nos iluminas
y sacudes nuestro sopor.
Dios: ¡Ven en mi auxilio!

¡Oh Verdad!, Tú presides en todas partes
a todos los que te consultan
y a un tiempo respondes.
Claramente Tú respondes,
pero no todos oyen claramente.

¡Tarde te amé, hermosura tan antigua
y tan nueva,  tarde te amé!
Y es que Tú estabas dentro de mí y yo fuera,
y por fuera te buscaba;
y deforme como era, me lanzaba
sobre estas cosas hermosas que Tú creaste.

Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo.
Me retenían lejos de Ti aquellas cosas que,
si no estuviesen en Ti, no serían.
Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera;

Brillaste y resplandeciste, y venciste mi ceguera;
Exhalaste Tu perfume y respiré,
y suspiro por Ti;
Gusté de Ti, y siento hambre y sed;
Me tocaste y me abrasé en Tu Paz.

Grande eres, Señor,
y laudable sobre manera;
grande es tu poder,
y tu sabiduría no tiene número.

¿Y pretende alabarte el hombre,
pequeña parte de tu creación,
y precisamente el hombre, que,
revestido de su mortalidad,
lleva consigo el testimonio de su pecado
y el testimonio de que resistes a los soberbios?


Con todo, quiere alabarte el hombre,
pequeña parte de tu creación.
Tú mismo le excitas a ello,
haciendo que se deleite en alabarte,
porque nos has hecho para Ti
y nuestro corazón está inquieto
hasta que descansa en Ti.


Angosta es la casa de mi alma
para que vengas a ella:
sea ensanchada por Ti.
Ruinosa está: repárala.


Hay en ella cosas
que ofenden tus ojos:
lo confieso y lo sé;
pero ¿quién la limpiará
o a quién otro clamaré fuera de Ti?


¿Quién me dará descansar en Ti?
¿Quién me dará que vengas a mi corazón
y le embriagues, para que olvide mis maldades
y me abrace contigo, único bien mío


¿Qué es lo que eres para mí?
Apiádate de mí para que te lo pueda decir.


¿Y qué soy yo para ti para que me mandes
que te ame y si no lo hago te aíres contra mí
y me amenaces con ingentes miserias?
¿Acaso es ya pequeña la misma de no amarte?


 

¡Ay de mí! Dime por tus misericordias,
Señor y Dios mío, qué eres para mí.


Di a mi alma: "Yo soy tu salud."
Que yo corra tras esta voz y te dé alcance.
No quieras esconderme tu rostro.


Muera yo para que no muera
y pueda así verle.

 


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