| Escritor, político y periodista uruguayo. Inicia sus
estudios secundarios en la Universidad Mayor de la República, graduándose
de bachiller. En 1868 se asocia al Club Universitario en el que su genio
literario se exhibe brillantemente. Guiado por su pasión política
ingresa al movimiento revolucionario de Timoteo Aparicio. Y tras la
derrota, se incorpora con la misma energía al periodismo político en el
que se desempeñará activamente el resto de su vida. Infatigable, funda
"La República" en el 72, escribe para "La Democracia"
al año siguiente, y crea "La Revista Uruguaya" en el 75. Desde
estos órganos de prensa ataca al gobierno de Varela, lo que le vale su
primer destierro. Tras la fracasada revolución "Tricolor"
contra Latorre, se radica en Argentina, donde continúa sus actividades
periodísticas (en La Plata y en Dolores). Vuelto a Uruguay sus críticas
a Lorenzo Latorre desde "La Democracia" lo obligan a huir a
Buenos Aires. De regreso en Montevideo abre un nuevo periódico "El
Nacional" (famoso en la historia del periodismo uruguayo); es elegido
senador por el Partido Blanco (al que reorganiza) e interviene
decisivamente en el estallido de la revolución del 97 (1895-1903).
Disensiones con el partido blanco lo alejan de las filas de Aparicio
Saravia, y del país (cuestión que explica en su Carta política
publicada en El Nacional). Ese mismo año comienza su carrera diplomática,
representando a Uruguay en América y Europa por un decenio (1903-14).
Eduardo Acevedo es, a la vez que hombre de acción, un escritor
original. Como periodista político su vasta producción (que aun espera
estudios más exhaustivos) en "La República", "La Razón",
"La Democracia" y "La Época", revela a un pensador de
gran proyección ideológica. En la "Revista Uruguaya"
(semanario científico y literario) Acevedo Díaz muestra su inclinación
por la investigación histórica en ensayos del estilo de La civilización
americana. Ensayos históricos (Nºs.13-19); y La última palabra
del proscripto (Nº 15) que alude a los deportados por el gobierno de
Varela en la barca "Puig" (1875) donde viajaban algunos amigos
del Club Universitario. Durante su dirección en "La Época"
publica los doce primeros capítulos de Ismael; La boca del
tigre (1890), La novela histórica (1890) y Etnología indígena
(1891). Cultiva con éxito la novela histórica, que inicia en Uruguay y a
la que traslada su propia experiencia en las guerras civiles. Describe, de
un modo entre realista y romántico, el paisaje físico y humano del
Uruguay en el siglo XIX. De sus novelas históricas destacan
Ismael (1888), que comprende la época artiguista; Nativa
(1890), en el periodo de la Cisplatina; Grito de Gloria (1893),
sobre el final de la Emancipación; y Lanza y sable (1914), que
completa a las anteriores novelas. Y de sus relatos nativistas
Brenda (1886), ensayo juvenil; Soledad (1894), romance
campero; y El combate de la tapera (1892). Es de destacar también
entre su abundante correspondencia, la que redacta en los campamentos
revolucionarios del 97, donde es a la vez observador y protagonista.
El genio de Eduardo Acevedo como escritor comienza a exhibirse en el
Club Universitario. Allí, con solo 17 años, diserta sobre asuntos históricos
y sociológicos: "Historia antigua", "Hombres
ilustres que florecieron bajo el dominio
de Pericles", "Historia indígena"
(3/oct.), "Revolución Francesa" (17/oct.),
"El árabe en Granada" (7/nov.),
"La Revolución Norteamericana"
(21/nov./68), "Derechos políticos de la mujer",
y "Reflexiones sobre el África y los
negros" (1869). Sus compañeros, como se aprecia en la memoria
de la Primera Comisión Directiva del Club, veían en él "todas
las cualidades dominantes del buen escritor, sobre todo en historia. (...)
El Sr. Acevedo Díaz puede estar convencido de que a su temprana edad se
ha formado una reputación merecida". Llamaba la atención la
riqueza de los datos que manejaba, la filosofía que lo inspiraba y el
entusiasmo con el que se expresaba. "Aunque el Club no hubiese
producido en Literatura más que los trabajos del Sr. Acevedo Díaz podría
decirse con fundado orgullo que (el Club) había alcanzado un lauro de
gloria", señala Pablo De María redactor de la Memoria. La
actividad Eduardo Acevedo en el Club fue intensa, como secretario e
incipiente conferencista. La Memoria de 1869, redactada por él, es una
verdadera pieza de literatura, que puede figurar en su mejor antología.
En su calidad de inédita, y por todos los datos que revela sobre la
institución y la mentalidad de los jóvenes que la crearon, transcribimos
algunos pasajes de la misma:
Propósitos intelectuales del Club Universitario.
"El Club Universitario de reducida esfera en su origen, ha
progresado con lentitud hasta el presente. Aunque el progreso moral,
digamos así, los principios vastos y honorables que vamos a realizar,
hayan sido interrumpidos algunas veces por un silencio incomprensible,
tratándose de una juventud que siempre se mostró fogoza e infatigable en
la sagrada contienda de las bellas doctrinas; estamos persuadidos, señores,
de que en adelante no acontecerá así. No ahogaréis, ciertos estamos,
los gérmenes del progreso; no marchitaréis la flor lozana que hasta muy
lejos de aquí expande su aroma delicioso, y atrae con ese mismo hálito
multitud de seres que anhelantes se acercan a libar la miel de su cáliz;
no haréis desaparecer de la región que hoy habitamos, el genio protector
y justiciero de las letras y de la sabiduría (...). Dónde la virtud
austera y la pureza dominan, donde un amor intenso y grande congrega
fraternalmente los corazones jóvenes y ardientes (...). Dónde las pequeñas
almas que como leves átomos nadaron con el torbellino de las terrenales
pasiones, hallan un cariñoso apoyo y concluyen por pensar en mañana
(...).Continuad señores, con esa educación mutua, porque es el único
medio de alcanzar la gloria; perseguid, como esos jóvenes de preclara
inteligencia y de imaginación fecunda, que anteriormente os hemos
nombrado, en la relación de las bellas producciones científicas y
literarias de que son dignos autores; perseverad, como ellos, porque la
perseverancia es el sostén de todas las loables aspiraciones, haced, como
ello, eterna la actividad del espíritu, porque en ella está la grandeza
del alma; y es entonces, señores, cuando se os podrá llamar los educacionistas
que se educan (...) que colocan en la educación el sagrado destino
del hombre (...). Hay, señores, ciertas épocas lúgubres e imponentes en
la vida de los pueblos, en que esa enfermedad corruptora de la ignorancia,
de la barbarie; desarrollándose en el foco de la civilización, la
agravia, abruma y sofoca, y en las inmensas revoluciones que han asombrado
al mundo, vemos que el hombre sin educación y sin saber, hace un caos
horrendo de los más grandes principios. (...). El Club Universitario, señores,
por más que parezca exagerado, tengo orgullo en decirlo, posee ese carácter
democrático por excelencia. (...) Aquí donde reina el cosmopolitismo de
las ciencias, porque todas se aman y se desean, todas se adoptan y
modifican por la libre emisión del pensamiento; aquí, sitio dónde un
eclecticismo domina, porque de todos los estudios tomamos lo bueno y lo
bello, escogemos los principios y los sistemas honorables, que pueden
contribuir a la sana instrucción de todos para todos; aquí, recinto a
quien el joven con su idea democrática ha dado solemnidad, solo debe
flotar ese espíritu de unidad fraternal que tanto caracteriza a los
corazones nobles y generosos".
BIBLIOGRAFÍA. Club Universitario. Colección
de documentos inéditos. T. 2, 1870-71. / Ateneo de Montevideo. Conmemoración
del 70° aniversario del "Club Universitario". Montevideo.
Tipográfica Atlántida. 1938. /Cartas de Eduardo Acevedo Díaz al
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nacional" Dir. Dionisio Trillo Pays. Montevideo. Ministerio de
Cultura. Mayo, 1969. Nº 2 / Galmés, Héctor. Correspondencia familiar
e íntima de Eduardo Acevedo Díaz. Montevideo. Biblioteca Nacional.
1979. / Memoria de la Comisión Directiva del Club Universitario.
Montevideo. Manuscritos inéditos. 1868-69. / Los orientales.
Fragmentos de una leyenda. La aurora de la libertad (1871). En
"Revista Nacional". Montevideo. Ministerio de Instrucción Pública.
Agosto de 1950. T. XLVII. Año XIII, Nº 140. P. 291-304./ Consolidación
de nuestra moneda, Programa de un Tratado de Librecambio
panamericano y Reorganización de la enseñanza pública. En
"Revista de Derecho y Ciencias Sociales". Montevideo. El Siglo
Ilustrado. 1917. / El libro del Centenario Uruguayo. Montevideo.
Ministerio de Instrucción Pública. 25 de agosto de 1925. /Profesores del
Ministerio de Educación y Cultura. Muestra de Literatura Uruguaya.
Montevideo. Ministerio de Educación y Cultura del Uruguay. 1996./ Zum
Felde, A. Proceso intelectual del Uruguay. Montevideo. Nuevo Mundo.
1967. |