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Ateneo de Montevideo

Una Institución con historia, que existe desde el 5 de Septiembre de 1868

 

                    
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Los fundadores del Ateneo de Montevideo

1 Acevedo Díaz, Eduardo
2 Artagaveytía, Adolfo
3 Berguiduague, Martín
4 Berra, Francisco
5 Blanco, Juan Carlos
6 Bustamante, Pedro
7 De María, Dermidio
8 De María, Pablo
9 Denis, Claudio
10 Desteffanis, Luis Daniel
11 Ellauri, Plácido
12 Filippone, Florentino
13 Giralt, Pablo
14 Grané, Ovidio
15 Gradín, Carlos
16 Granada, Daniel
17 Herrera y Obes, Julio
18 Magariños Cervantes, Alejandro
19 Lafinur, Luis Melián
20 Muñoz, Daniel
21 Narvaja, Tristán
22 Pedralbes, Adolfo
23 Pedralbes, Ignacio
24 Pena,Carlos María
25 Pérez, Gregorio
26 Ramírez, Carlos María
27 Ramírez, Gonzalo
28 Requena, Joaquín
29 Rodríguez Larreta, Aureliano
30 Tavolara, José Antonio
31 Terra, Duvimioso
32 Varela, José Pedro
33 Vidal y Colón, Guillermo

ACEVEDO DÍAZ, Eduardo.

(Villa de la Unión, 1851 - Buenos Aires, 1921).

Escritor, político y periodista uruguayo. Inicia sus estudios secundarios en la Universidad Mayor de la República, graduándose de bachiller. En 1868 se asocia al Club Universitario en el que su genio literario se exhibe brillantemente. Guiado por su pasión política ingresa al movimiento revolucionario de Timoteo Aparicio. Y tras la derrota, se incorpora con la misma energía al periodismo político en el que se desempeñará activamente el resto de su vida. Infatigable, funda "La República" en el 72, escribe para "La Democracia" al año siguiente, y crea "La Revista Uruguaya" en el 75. Desde estos órganos de prensa ataca al gobierno de Varela, lo que le vale su primer destierro. Tras la fracasada revolución "Tricolor" contra Latorre, se radica en Argentina, donde continúa sus actividades periodísticas (en La Plata y en Dolores). Vuelto a Uruguay sus críticas a Lorenzo Latorre desde "La Democracia" lo obligan a huir a Buenos Aires. De regreso en Montevideo abre un nuevo periódico "El Nacional" (famoso en la historia del periodismo uruguayo); es elegido senador por el Partido Blanco (al que reorganiza) e interviene decisivamente en el estallido de la revolución del 97 (1895-1903). Disensiones con el partido blanco lo alejan de las filas de Aparicio Saravia, y del país (cuestión que explica en su Carta política publicada en El Nacional). Ese mismo año comienza su carrera diplomática, representando a Uruguay en América y Europa por un decenio (1903-14).

Eduardo Acevedo es, a la vez que hombre de acción, un escritor original. Como periodista político su vasta producción (que aun espera estudios más exhaustivos) en "La República", "La Razón", "La Democracia" y "La Época", revela a un pensador de gran proyección ideológica. En la "Revista Uruguaya" (semanario científico y literario) Acevedo Díaz muestra su inclinación por la investigación histórica en ensayos del estilo de La civilización americana. Ensayos históricos (Nºs.13-19); y La última palabra del proscripto (Nº 15) que alude a los deportados por el gobierno de Varela en la barca "Puig" (1875) donde viajaban algunos amigos del Club Universitario. Durante su dirección en "La Época" publica los doce primeros capítulos de Ismael; La boca del tigre (1890), La novela histórica (1890) y Etnología indígena (1891). Cultiva con éxito la novela histórica, que inicia en Uruguay y a la que traslada su propia experiencia en las guerras civiles. Describe, de un modo entre realista y romántico, el paisaje físico y humano del Uruguay en el siglo XIX. De sus novelas históricas destacan Ismael (1888), que comprende la época artiguista; Nativa (1890), en el periodo de la Cisplatina; Grito de Gloria (1893), sobre el final de la Emancipación; y Lanza y sable (1914), que completa a las anteriores novelas. Y de sus relatos nativistas Brenda (1886), ensayo juvenil; Soledad (1894), romance campero; y El combate de la tapera (1892). Es de destacar también entre su abundante correspondencia, la que redacta en los campamentos revolucionarios del 97, donde es a la vez observador y protagonista.

El genio de Eduardo Acevedo como escritor comienza a exhibirse en el Club Universitario. Allí, con solo 17 años, diserta sobre asuntos históricos y sociológicos: "Historia antigua", "Hombres ilustres que florecieron bajo el dominio de Pericles", "Historia indígena" (3/oct.), "Revolución Francesa" (17/oct.), "El árabe en Granada" (7/nov.), "La Revolución Norteamericana" (21/nov./68), "Derechos políticos de la mujer", y "Reflexiones sobre el África y los negros" (1869). Sus compañeros, como se aprecia en la memoria de la Primera Comisión Directiva del Club, veían en él "todas las cualidades dominantes del buen escritor, sobre todo en historia. (...) El Sr. Acevedo Díaz puede estar convencido de que a su temprana edad se ha formado una reputación merecida". Llamaba la atención la riqueza de los datos que manejaba, la filosofía que lo inspiraba y el entusiasmo con el que se expresaba. "Aunque el Club no hubiese producido en Literatura más que los trabajos del Sr. Acevedo Díaz podría decirse con fundado orgullo que (el Club) había alcanzado un lauro de gloria", señala Pablo De María redactor de la Memoria. La actividad Eduardo Acevedo en el Club fue intensa, como secretario e incipiente conferencista. La Memoria de 1869, redactada por él, es una verdadera pieza de literatura, que puede figurar en su mejor antología. En su calidad de inédita, y por todos los datos que revela sobre la institución y la mentalidad de los jóvenes que la crearon, transcribimos algunos pasajes de la misma:

Propósitos intelectuales del Club Universitario.

"El Club Universitario de reducida esfera en su origen, ha progresado con lentitud hasta el presente. Aunque el progreso moral, digamos así, los principios vastos y honorables que vamos a realizar, hayan sido interrumpidos algunas veces por un silencio incomprensible, tratándose de una juventud que siempre se mostró fogoza e infatigable en la sagrada contienda de las bellas doctrinas; estamos persuadidos, señores, de que en adelante no acontecerá así. No ahogaréis, ciertos estamos, los gérmenes del progreso; no marchitaréis la flor lozana que hasta muy lejos de aquí expande su aroma delicioso, y atrae con ese mismo hálito multitud de seres que anhelantes se acercan a libar la miel de su cáliz; no haréis desaparecer de la región que hoy habitamos, el genio protector y justiciero de las letras y de la sabiduría (...). Dónde la virtud austera y la pureza dominan, donde un amor intenso y grande congrega fraternalmente los corazones jóvenes y ardientes (...). Dónde las pequeñas almas que como leves átomos nadaron con el torbellino de las terrenales pasiones, hallan un cariñoso apoyo y concluyen por pensar en mañana (...).Continuad señores, con esa educación mutua, porque es el único medio de alcanzar la gloria; perseguid, como esos jóvenes de preclara inteligencia y de imaginación fecunda, que anteriormente os hemos nombrado, en la relación de las bellas producciones científicas y literarias de que son dignos autores; perseverad, como ellos, porque la perseverancia es el sostén de todas las loables aspiraciones, haced, como ello, eterna la actividad del espíritu, porque en ella está la grandeza del alma; y es entonces, señores, cuando se os podrá llamar los educacionistas que se educan (...) que colocan en la educación el sagrado destino del hombre (...). Hay, señores, ciertas épocas lúgubres e imponentes en la vida de los pueblos, en que esa enfermedad corruptora de la ignorancia, de la barbarie; desarrollándose en el foco de la civilización, la agravia, abruma y sofoca, y en las inmensas revoluciones que han asombrado al mundo, vemos que el hombre sin educación y sin saber, hace un caos horrendo de los más grandes principios. (...). El Club Universitario, señores, por más que parezca exagerado, tengo orgullo en decirlo, posee ese carácter democrático por excelencia. (...) Aquí donde reina el cosmopolitismo de las ciencias, porque todas se aman y se desean, todas se adoptan y modifican por la libre emisión del pensamiento; aquí, sitio dónde un eclecticismo domina, porque de todos los estudios tomamos lo bueno y lo bello, escogemos los principios y los sistemas honorables, que pueden contribuir a la sana instrucción de todos para todos; aquí, recinto a quien el joven con su idea democrática ha dado solemnidad, solo debe flotar ese espíritu de unidad fraternal que tanto caracteriza a los corazones nobles y generosos".

BIBLIOGRAFÍA. Club Universitario. Colección de documentos inéditos. T. 2, 1870-71. / Ateneo de Montevideo. Conmemoración del 70° aniversario del "Club Universitario". Montevideo. Tipográfica Atlántida. 1938. /Cartas de Eduardo Acevedo Díaz al Dr. Alberto Palomeque (1880-1894). En "Revista de la biblioteca nacional" Dir. Dionisio Trillo Pays. Montevideo. Ministerio de Cultura. Mayo, 1969. Nº 2 / Galmés, Héctor. Correspondencia familiar e íntima de Eduardo Acevedo Díaz. Montevideo. Biblioteca Nacional. 1979. / Memoria de la Comisión Directiva del Club Universitario. Montevideo. Manuscritos inéditos. 1868-69. / Los orientales. Fragmentos de una leyenda. La aurora de la libertad (1871). En "Revista Nacional". Montevideo. Ministerio de Instrucción Pública. Agosto de 1950. T. XLVII. Año XIII, Nº 140. P. 291-304./ Consolidación de nuestra moneda, Programa de un Tratado de Librecambio panamericano y Reorganización de la enseñanza pública. En "Revista de Derecho y Ciencias Sociales". Montevideo. El Siglo Ilustrado. 1917. / El libro del Centenario Uruguayo. Montevideo. Ministerio de Instrucción Pública. 25 de agosto de 1925. /Profesores del Ministerio de Educación y Cultura. Muestra de Literatura Uruguaya. Montevideo. Ministerio de Educación y Cultura del Uruguay. 1996./ Zum Felde, A. Proceso intelectual del Uruguay. Montevideo. Nuevo Mundo. 1967.

 
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